Creatividad: ¿genialidad o aprendizaje compartido?

Diana González

Poliedro

La complicada gestión de una empresa enfrenta también el reto de mantenerla vigente entre sus consumidores para garantizar su supervivencia. Esta tendencia obliga a cambiar el enfoque empresarial planificando las modificaciones que permitan enfrentar el reto de la innovación, incluyendo a todos los miembros de la organización y adecuándose a los cambios del entorno utilizando todos los recursos tangibles e intangibles, destacando la actitud creativa como materia prima de la innovación.

La dirección de una empresa debe reconocer que la base o punto de partida para el proceso de innovación es la creatividad, sin embargo, trasladar lo que por años ha sido ámbito casi exclusivo de la educación, de la psicología y de las artes en sus diferentes manifestaciones, implica la reflexión y entendimiento de cómo influencian la estructura de la organización. La creatividad en el ámbito empresarial cobra importancia a través del conocimiento y comprensión de las interacciones que se producen entre los distintos actores de la empresa y los factores catalizadores en la generación de ideas, de forma que las empresas puedan llevar a cabo el compromiso con la innovación para mantener o incrementar su ventaja competitiva. Para que una empresa logre desarrollar y potenciar la imaginación y la capacidad de generar ideas entre sus equipos, hay que partir del principio: definir qué es creatividad y qué es innovación.

La creatividad es una habilidad humana, un intangible y, como tal, a pesar de sus claras y múltiples manifestaciones, resulta difícil aprehender en una definición única que, además, sea susceptible de una admisión generalizada; de hecho, tampoco es nuestro objetivo ni de nuestro interés obtener una definición correcta universalmente. En este sentido, utilizando la metáfora de Rickard (2001), más que un concepto, lo que planteamos en este apartado es una plataforma de entendimiento o punto de partida que nos permita identificar el significado de la creatividad en un contexto determinado, concretamente en el contexto empresarial.

Para profundizar respecto al contenido y la problemática de la creatividad resulta obligatorio diferenciar dicho término del de innovación, que, por la estrecha vinculación con aquella, no sólo se utiliza en numerosas ocasiones de forma indistinta, sino que de hecho, al menos en el ámbito empresarial, el proceso creativo e innovador llegan a confundirse en un único proceso de difícil disociación. Analizando la literatura en relación con estos términos, observamos que la mayoría de las aportaciones se mantienen en la línea que considera que, mientras inventar consiste fundamentalmente en tener una idea más o menos ingeniosa, innovar hace referencia a la materialización de esa idea. Pero esa materialización no se limita a la construcción física del bien o a la aplicación práctica de una idea, sino que, en ocasiones, hace referencia a la explotación comercial de la misma. Autores como Drucker (1986) llegan a especificar, incluso, que dicha explotación comercial debe de resultar exitosa, es decir, implica la aceptación de la idea por parte del mercado.

En otro sentido, Goguelin (1992, pp. 257-259) diferencia entre invención y creación, considerando la invención como “el hecho de reencontrar dos cosas conocidas que nunca han estado unidas de esa forma, resultando el modo de ensamblaje lo desconocido”. Por otro lado, argumenta que creación consiste en “dar existencia a cualquier cosa de la cual ningún elemento existía antes de manera sensible, es decir, directamente aprehensible por nuestros sentidos; resulta de una unión de ideas hasta el presente no materializadas que toman forma concreta y se insertan en un conjunto conocido”. El autor especifica, además, que en la empresa la innovación proviene más a menudo de la invención que de la creación.

Como síntesis podemos considerar finalmente que, mientras creatividad hace referencia a la generación de una idea, innovación implica la aplicación práctica y explotación de la misma en el mercado. Sin embargo, el proceso creativo ha sido catalogado en dos líneas que apuntan —en apariencia— hacia lados opuestos. ¿Se aprende a ser creativo o es una habilidad nata?

Esta dificultad, constatada por la mayoría de los autores, de estudiar la naturaleza de la creatividad, conduce a algunos de ellos a tratar de afrontar dicha tarea mediante la clasificación de las escuelas más relevantes del pensamiento creativo; sin embargo, como habitualmente ocurre, tampoco existe unanimidad a la hora de realizar dicha clasificación, utilizando para ello, a su vez, diferentes criterios. De entre ellos nos parece especialmente interesante apuntar el criterio de clasificación utilizado por De la Torre (1982), que parte de los cuatro elementos básicos desde los que se intenta explicar el fenómeno creativo (producto, proceso, personas y contexto), conjugando los mismos en un modelo que denomina “armonización holística” en un intento de integrar simultáneamente todos los factores implicados.

Al reflexionar sobre las múltiples manifestaciones referenciadas no podemos más que asumir que, en definitiva, no existen pensamientos unánimemente aceptados ni verdades absolutas. Es muy poco lo que se sabe y lo poco que se sabe es muy incierto, por lo que, como punto de partida, aprovechar la aportación sinérgica de su consideración conjunta es —a nuestro criterio— la mejor opción para aprovechar sus beneficios.

Sin olvidar que esta última es una opinión, el interés en aplicar las distintas aportaciones del pensamiento creativo al ámbito empresarial nos conduce a valorar el proceso que se ha de seguir para llegar al acto creativo que dé, como consecuencia, el resultado innovador. De forma más concreta, cabe destacar determinados aspectos de la teoría conductista que, partiendo del funcionamiento mecánico de la mente, defiende que la actividad de ésta puede ser controlada desde fuera mediante la conveniente aplicación de reforzamientos, por lo que podría potenciarse la creatividad reforzando aquellas respuestas alejadas de las comunes (Martínez, 1991c).

Tenemos asignaturas nuevas y pendientes, sin duda, para afrontar desde el ámbito empresarial, aunado a la velocidad de respuesta que nos exigen los mercados, el cada vez menor financiamiento o inversiones. Todo ello, obligándonos a alimentar el pensamiento creativo y nuevas alianzas para beneficio de los equipos y, con ello, de la empresa.

POLIEDRO

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