CRISIS EDUCATIVA, RESPONSABILIDAD DE TODOS.

CRISIS EDUCATIVA, RESPONSABILIDAD DE TODOS

La educación es la transmisión de aprendizajes que permiten al individuo adquirir y desarrollar conocimientos, habilidades, hábitos y valores que hacen de él un ser capaz de transformarse y adaptarse al mundo que le rodea, resolver problemas, crear y cocrear para su beneficio y el beneficio y transformación de la sociedad en la que está inmerso. De ahí la importancia de atender y garantizar el acceso a la educación a toda persona.

El aprendizaje es un proceso complejo y secuenciado que inicia desde el nacimiento hacia el interior del entorno familiar, en donde se tiene acceso a las primeras experiencias y en donde se adquieren valores, creencias, conductas y hábitos que más tarde serán reforzados y enriquecidos con la educación formal en las instituciones educativas del Sistema Educativo Nacional, con la adquisición de conocimientos académicos y de cultura general, reforzamiento de valores, desarrollo de habilidades y estrategias de aprendizaje; con lo que la responsabilidad educativa que en un primer momento es de la familia se comparte con las instituciones educativas, involucrando también a la sociedad civil.

 De acuerdo con lo anterior es evidente que la educación es una responsabilidad compartida en la que familias, centros educativos y sociedad en general tienen el compromiso de aportar al desarrollo y formación de niños y adolescentes, cada uno desde su trinchera y bajo la regulación del Sistema Educativo Nacional.

Habiendo establecido que la educación es un proceso y una responsabilidad compartida, es importante tener claro cuál es la realidad que se vive actualmente en ese sector. ¿Cuál es el nivel de logro de los alumnos respecto de los objetivos académicos? ¿Qué tan apegados al perfil de egreso de cada grado están terminando los alumnos cada ciclo escolar? ¿Qué tanto son conscientes los alumnos de sus capacidades académicas y de la aplicación de sus aprendizajes en la vida diaria? ¿Qué tan conscientes son los padres de familia de los aprendizajes alcanzados por sus hijos, de sus fortalezas y dificultades académicas? ¿Qué tanto se llevan a cabo adecuaciones curriculares para ayudar a todos los alumnos a lograr los objetivos académicos? ¿Qué recursos académicos y estructurales reciben las instituciones educativas para brindar tanto a alumnos como personal docente espacios adecuados, seguros y dignos para el desempeño de la actividad educativa? El planteamiento de estas preguntas puede ayudarnos a centrarnos en los diferentes aspectos que nos permitan apreciar de cerca una realidad que tal vez diste mucho de lo que percibimos desde nuestra posición y contexto con relación al proceso educativo.

A reserva de parecer negativa más que realista, mi percepción como profesional de la docencia y en mi experiencia en los últimos años como docente de apoyo académico a niños en rezago escolar, es que la educación en México se encuentra en una severa crisis, en donde una gran mayoría de niños y adolescentes enfrenta serias dificultades de aprendizaje por no contar con una base sólida que les permita dar continuidad a la adquisición de nociones y conceptos cada vez más complejos. De tal manera que llegan a los grados superiores de primaria sin poder leer y escribir, y por ende sin el dominio de la lectura de comprensión, que es un aprendizaje base para el desempeño autónomo de su formación académica. Esto a su vez es un obstáculo para el desarrollo del hábito de la lectura, lo que merma la oportunidad de enriquecer el vocabulario, adquirir nociones y reglas ortográficas, desarrollar habilidades comunicativas a través de la escritura y de ampliar su cultura general. Estas serias limitaciones, de entrada, son ya preocupantes. Sin embargo, lo mismo pasa con las matemáticas, pues al enfrentarse el niño a la dificultad para adquirir nociones matemáticas, el desarrollo de su pensamiento lógico matemático se ve limitado y con ello la práctica de procesos analíticos, hipotéticos y planteamiento de relaciones y soluciones.  Alarmante encontrarse con alumnos de grados superiores que no han alcanzado el dominio de las operaciones aritméticas básicas y ya no hablemos de problemas de razonamiento y otros procesos y algoritmos aún más complicados. Lamentablemente estas mismas deficiencias se presentan en muchas otras áreas académicas como Conocimiento del Medio, Geografía, Historia, etc. Entonces, cómo no decir que la educación está en crisis, cuando vemos que los niños no tienen los conocimientos y habilidades requeridos para desenvolverse académicamente de manera eficiente y efectiva, cuando vemos que no son capaces de leer e interpretar un texto, de redactar un reporte escolar, de resolver situaciones matemáticas, de establecer relaciones e hipótesis y de plantear propuestas y soluciones, que en un futuro se transformará en dificultades que pueden derivar en fracaso y deserción escolar, y más adelante en incompetencia laboral. Esta aseveración, más allá de ser una crítica, es una invitación a la reflexión y al análisis. Es inminente prestar atención no solo al desempeño escolar de niños y jóvenes, sino también a los niveles de desarrollo de los mismos, a las condiciones de las instituciones, especialmente del sector público, a la evaluación de perfiles profesionales docentes, al equipamiento didáctico y tecnológico de las instituciones, pero sobre todo a lo trascendente e importante del proveer una educación acorde al momento histórico que vivimos y a las demandas de un mundo globalizado y en constante evolución.

Mucho se habla de que la pandemia por COVID-19 trajo un fuerte rezago académico en los niños y jóvenes no solo de nuestro país sino del mundo entero. Sin embargo, en lo personal considero que lo que hizo la pandemia fue evidenciar notablemente las deficiencias que ya venía enfrentando el sector educativo y que quedaron expuestas ante los inconvenientes que generó la pandemia y por supuesto se volvieron aún más graves.

Es un hecho que en nuestro país hay muchas áreas de oportunidad en materia educativa, por lo que es importante que cada uno como individuos participemos en esa mejora y nos unamos al compromiso del sector educativo de velar por brindar a la población una formación en la que pueda no solo adquirir conocimientos, sino también moldear su pensamiento en la afectividad, el respeto, la ética, la moral y la dignidad.

Hagamos, entonces, cada uno lo que nos corresponde. Está en nuestras manos sumarnos a la mejora educativa de nuestros niños y jóvenes, inspirémoslos a perseguir sus sueños y llevémoslos a descubrirse capaces y dueños de su aprendizaje, porque ¡LA EDUCACIÓN ES RESPONSABILIDAD DE TODOS!

Escrito por: Chris Martínez

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