
BAJAVIÓN
El futuro es el pasado, pero más caro
Roble Limón
Wenas, estimado lector. Ya estamos aquí, en el 2025. Enero, ese mes eterno en el que sobrevivimos con los puros restos del recalentado y un último pedazo de buñuelo que sigue crujiente nomás por pura dignidad. Pero, ¿qué importa? Si usted está leyendo esto, es porque logramos salir vivos de la Navidad, del Año Nuevo y, sobre todo, del intercambio de chingazos con la familia que miramos nomás cada venida de Papá. No es queja.
Omitamos formalidades, apreciable bajavionense. Ya nos tenemos confianza, ¿que no? Después de tantos meses, usted y yo somos como ese par de amigos que pueden pasar semanas sin hablar y, al reencontrarse, lo primero que dicen es: “¡Weeeeeey!” mientras comparten el chisme de la tía que trató de detener la pelea por los terrenos de la abuela con un: “Ey, ya cálmense, mamá está mala”, al tiempo que su sobrino le contestaba: “Cállese tía, al chile usted nunca vio por welita”.
Así que no me venga con eso de «propósitos de año nuevo», porque sé que a estas alturas ya rompió mínimo dos. El gimnasio quedó abandonado el 4 de enero siendo que ya había pagado la anualidad “para comprometerse” y lo del ahorro… bueno, digamos que ni la tanda sobrevivió al Lupe-Reyes. Ora sí que “escuchamos, no juzgamos”.
Mientras tanto, acomódese con su café, su caguama o lo que el presupuesto alcance. Empecemos juntos este 2025 con reflexiones y uno que otro chiste que no da risa (como el de los “pavorosos frijoles” que se avienta su tío en cada cena navideña mientras se acomoda su corbata de Mickey Mouse con gorro de Santa Claus). Porque, al final, la vida es como el recalentado: ya nos tiene hasta la madre, pero es lo que hay.
Cada noviembre, mientras usted hace malabares para ingeniárselas a ver cómo va a meter las caguamas a la posada del jale y evitar ser añadido al grupo de WhatsApp “Intercambio navideño 2024”, The Economist nos suelta su tan esperada portada The World Ahead. No importa si es usted un economista serio o simplemente alguien que disfruta analizar conspiraciones y mirar Tercer Milenio con café en mano, estas portadas son el equivalente editorial de los spoilers: nos dicen qué esperar del año siguiente, desde la economía hasta el clima, pasando por la tecnología y, claro, los eternos dramas de la geopolítica. Una especie de oráculo moderno, pues.
Pero, ¿cómo lo hacen? ¿Acaso tienen una máquina del tiempo? ¿Un DeLorean estacionado en su redacción? Para nuestra desgracia la realidad es mucho menos hollywoodense, pero igual de impresionante. The Economist basa sus predicciones en un arsenal de datos: tendencias globales, proyecciones económicas, análisis de políticas públicas y, obvio, un equipo de expertos que parecieran ser los Avengers del periodismo económico. Todo este conocimiento se condensa en una portada que, con su mezcla de imágenes abstractas y conceptos complejos, logra encapsular los titulares del futuro como si fueran los próximos episodios de Los Simpson.

Ya sea anticipando un colapso financiero, señalando el impacto de la inteligencia artificial o advirtiendo sobre la crisis climática (que ya parece escrita por el guionista de Interstellar), estas portadas no sólo predicen; también nos advierten. Y, seamos sinceros estimado bajavionense, muchas veces le atinan más que Galilea Montijo y/o Mhoni Vidente con sus rituales de Año Nuevo.
¿El secreto? No es magia, es observación. Ellos conectan los puntos mientras que el resto nos encontramos aprendiendo el último baile o audio viral de TikTok (“¿No tienes un pelacito le queso?”). Así pues, estimado lector, ¿listo para descifrar qué tan cerca estamos de vivir en un episodio más de Black Mirror? (no importa cuándo leas esto). Desmenucemos como pollo The World Ahead 2025.
El futuro nos llegó como cruda de Año Nuevo: sin avisar, con dolor de cabeza y con la promesa –quizá en vano– de que no lo volveremos a hacer. La verdad es que no es novedad que en esta portada no haya optimismo, no haya avance, sino más bien sendo recordatorio de que el mundo está más roto que promesa de campaña de Andrés Manuel López Obrador.
Saturno y las cosechas del caos
Saturno, como figura central, representa límites y consecuencias. En términos económicos y sociales, esto se traduce en un 2025 que parece ser el momento de «cosechar» las crisis sembradas: conflictos, pandemias, desastres climáticos y geopolítica al límite. Este simbolismo sugiere que lo que viene no será accidental, sino el resultado de dinámicas previamente ignoradas. Se les dijo y se les volvió a repetir…
Nimiedades
Dice, también, el experimentado medio, que el 2025 será el año de ajustar cuentas con todo lo que prometimos y no cumplimos. Y es que, de verdad, si Greta Thunberg nos estuviera mentando la madre, por decir lo menos. “How dare you?”, otra vez, pero todavía más emperrada. Nos prometimos salvar al planeta, pero parece que preferimos salvar la garra de Zara o H&M que dejamos escondida durante las ofertas por el Buen Fin. La transición hacia energías limpias aún depende de políticas ambiciosas y del compromiso global para mitigar el cambio climático. Este tema se enmarca en un año con incertidumbre política y económica, lo que añade complejidad a los esfuerzos por combatir la crisis climática.
Tensiones nucleares y bloques geopolíticos
El espectro de una nueva guerra fría, ahora entre Occidente (con líderes como Ursula von der Leyen y Zelenski) y los BRICS (representados por Xi Jinping y Putin), se intensifica. La inclusión de Trump, figura central de la ilustración, refuerza la narrativa de un futuro marcado por liderazgos polémicos, mientras que los códigos binarios cercanos a símbolos nucleares parecen señalar un escalamiento en las tensiones globales.
¿Lección aprendida o ciclo repetido?
Un fondo rojo, una jeringa y un átomo sugieren que las crisis sanitarias seguirán marcando la agenda. Si bien es fácil caer en la paranoia, la advertencia parece clara: el mundo no está preparado para enfrentar nuevas pandemias, especialmente en un escenario agravado por contaminación nuclear o conflictos globales. Nooooombre, padrino, que a nadie se le ocurra tragar murciélago en el 2025 porque ora sí no respondo chipote con sangre.
El auge de los levantamientos sociales
La portada también sugiere un 2025 de efervescencia social. Automatización, inflación y crisis climáticas son un cóctel explosivo para protestas y disturbios globales. La cuestión, sin embargo, es si estas revueltas serán espontáneas o dirigidas por intereses ocultos. “Interesante punto de vista”.
Un maestro en las sombras
Y no me refiero a un Maestro Dobel, bueno fuera, ni que tuviera yo tanta suerte…
El «ojo que todo lo ve» y la referencia a “the matter” como “the master” apuntan a una idea de control invisible. Más allá de lo conspirativo, este simbolismo podría ser una advertencia sobre el creciente control social a través de tecnología, vigilancia y manipulación de narrativas. Sálgase un ratito de TikTok, estimado lector…
HAL 9000 meets Wall-E
No sé usted, pero yo siempre que me atoro en algo pienso: “Achis, no habrá una herramienta de Inteligencia Artificial que lo pueda hacer más rápido y mejor?”. En mi experiencia, 99% de las veces la respuesta es sí.
Y es que en la conversación no podía faltar la cereza del pastel: la inteligencia artificial. Más de un billón de dólares se están invirtiendo en centros de datos para IA, aunque muchas empresas todavía no saben bien cómo sacarle provecho. Es como haber comprado un Ferrari para lanzarse por las conchas con Doña Pelos. Mientras tanto, la expectativa crece alrededor de «sistemas agentivos» más capaces y de avances como medicamentos diseñados por IA, aunque el verdadero dilema es si los inversionistas se quedarán pelones antes de que la tecnología demuestre su valor.

¿Advertencia o provocación?
Y es aquí en donde viene el giro narrativo, estimado lector: no es que la portada de The Economist sea pesimista, es que nosotros somos pésimos. Ándele, sí, qué buena memoria, justo como en Jurassic Park cuando tuvimos todo el poder de cambiar la narrativa, pero ahhhhh, no, mejor decidimos clonar un T-Rex. Y ahora corremos, pero no por el parque, sino por el planeta.
Más que un oráculo, The Economist juega con su papel de observador e influencer de las élites globales. Esta portada no nos dice qué ocurrirá, sino qué posibilidades debemos considerar con seriedad. En el fondo, su mensaje parece claro: 2025 será movido, no porque lo diga esta portada, sino porque las dinámicas del mundo actual nos empujan inevitablemente hacia un futuro incierto y desafiante.
¿Estamos preparados? Tal vez esa sea la verdadera pregunta que debemos responder. Porque, aunque el futuro ya nos alcanzó, no hay garantías de que nos vaya a esperar.
Ora sí que “¡guau!”, y no soy perro.