¿Dinero ya o pensión de Oro?: La psicología de la economía.

Premio en Ciencias Económicas en memoria a Alfred Nobel 2017.

Como cada año, en Octubre se anunciaron a los ganadores de este 2017 de los premios en memoria de Alfred Nobel. En esta ocasión, el Premio en Ciencias Económicas fue otorgado al estadounidense Richard Thaler, catedrático de la Universidad de Chicago, pionero en su campo, con una visión del comportamiento psicológico aplicado a la toma de decisiones económicas. Pero, ¿en qué consiste su trabajo?

La teoría tradicional de Economía asume que la gente tiene un buen acceso a la información y es capaz de interpretarla perfectamente, así como el supuesto que siempre se pueden ejecutar nuestros planes y lo único que nos importa es la ganancia personal. Si bien este modelo de comportamiento ha ayudado a otros economistas a formular teorías que han proporcionado soluciones a problemas económicos complicados e importantes, no obstante, las discrepancias entre esta teoría y la realidad son, en ocasiones, sistemáticas y relevantes.

La perspectiva conductual incorpora un análisis más realista de cómo se piensa y se comportan las personas al hacer decisiones económicas. El trabajo de Thaler proporciona nuevas oportunidades para diseñar medidas e instituciones que incrementen el bienestar social. Si bien los seres humanos somos complicados, debemos de simplificar las suposiciones si buscamos desarrollar métodos aplicables. Thaler contribuyó a expandir y redefinir el análisis económico al considerar tres rasgos psicológicos como factores que influyen sistemáticamente en la toma de decisiones económicas: la racionalidad limitada, las percepciones sobre equidad y la falta de autocontrol.

Racionalidad limitada.

Es poco realista asumir que la gente, antes de cada decisión económica, considera cada alternativa posible y sus consecuencias a largo plazo. Realmente es una tarea casi imposible, entonces podemos decir que dichas decisiones usualmente son tomadas usando un enfoque limitado. El también laureado en Economía, Herbert Simon, desarrolló el concepto de racionalidad limitada como un término colectivo para las limitaciones cognitivas—de las organizaciones, las personas y reglas—simplificada para la toma de decisiones. Un ejemplo de estas limitaciones se encuentra en la teoría de Thaler sobre contabilidad mental, que describe cómo las personas organizan, formulan y evalúan sus decisiones: la tendencia está en que solemos simplificar dichas decisiones creando cuentas separadas en nuestras mentes, tomando decisiones individuales sobre la base de su efecto en cada una de estas cuentas en lugar del efecto que tiene en nuestro total de bienes.

Cuantas personas no dividen su presupuesto entre diferentes categorías: gastos del hogar, gastos personales, viajes e imprevistos, y tienen como regla no usar dinero de una cuenta para pagar otra. Pero esta conducta tiene un defecto, pues a veces lleva a gastos extra como no usar dinero de la cuenta de ahorro (de largo plazo) para necesidades de corto plazo, y en vez de eso recurren a adquirir créditos costosos para solventar los gastos.

Otro elemento de contabilidad mental es que usamos puntos de referencia para ayudarnos a tomar decisiones. Estos difieren en cada situación, es decir, en cada cuenta mental. Un punto de referencia podría ser el precio por el que compramos un artículo y aquel precio que encontramos en Internet. Usamos entonces ese punto de referencia para apreciar si obtuvimos una buena transacción o no.

En su investigación, Thaler provee numerosos ejemplos sobre cómo funcionan las cuentas mentales. El uso de varios puntos de referencia puede llevar a decisiones que aparentan ser extrañas al ser evaluadas desde la perspectiva económica tradicional. Por ejemplo, un consumidor que encuentra que el reloj que quiere comprar cuesta $100 pesos más barato en otra tienda. El elegiría ir esa otra tienda si el reloj tiene un valor de $1,000 pesos pero no lo hará si ese mismo reloj costara $10,000, aunque se estaría ahorrando la misma cantidad de dinero. Esto es porque generalmente el punto de referencia está en el porcentaje, no en el ahorro real. En el primer escenario, dónde el reloj cuesta $1,000 pesos, un ahorro de $100 pesos significa un descuento del 10%, mientras que de un reloj con valor de $10,000 sólo representaría un 1%.

Otro factor que gobierna nuestra toma de decisiones son nuestras experiencias previas, así como nuestras percepciones sobre propiedad. Normalmente, queremos más dinero por la venta de un artículo que nos pertenece de lo que estaríamos dispuestos a pagar para comprar el mismo artículo. A esto, Thaler le llama efecto dotación. De los muchos ejemplos documentados el más famoso es un experimento conducido por Thaler en 1990 junto a Daniel Kahneman y Jack Knest. A un grupo de sujetos seleccionados al azar se les regaló una taza decorativa, a quienes después se les dio la opción de venderla a alguien dentro de otro grupo, igualmente seleccionado al azar y que no habían recibido tazas; porque los participantes de ambos grupos fueron elegidos aleatoriamente, en promedio deberían de valuar las tazas en un precio similar y alrededor de la mitad de ellas deberían venderse. Sin embargo, la realidad fue que en promedio aquellos sujetos que recibieron una taza la valuaron por encima de lo que la gente del segundo grupo de control que no recibió una, y mucho menos de la mitad de las tazas cambiaron de dueño.

El efecto dotación puede tener consecuencias a largo plazo, como reducir el trueque en bienes y servicios. La explicación de Thaler para este fenómeno se basa en cómo la gente tiende a experimentar el sentimiento negativo de la pérdida más fuertemente y por encima del sentido positivo de una ganancia similar. Esto es conocido como aversión a la pérdida.

Generalmente, lo que definimos como una ganancia o pérdida depende de dónde pongamos nuestro punto de referencia, lo que es importante para nuestra toma de decisiones. Por ejemplo, los precios con descuento hacen que los consumidores fijen el precio de referencia por encima de lo que hubieran estimado de otra manera, así entonces perciben su compra como un mejor trato que si hubieran adquirido el mismo artículo al mismo precio, pero sin descuento. Sienten como si le estuvieran ganando al sistema.

Ya hemos mencionado cómo las experiencias previas influyen en la toma de decisiones, en particular en los riesgos que estamos dispuestos a tomar. Un ejemplo puede ser alguien que ha tenido una racha ganadora en un casino, y toma riesgos cada vez mayores, esto es porque es menos doloroso perder dinero si creemos que tenemos respaldadas nuestras cuentas. En cambio, alguien que ha perdido mucho recientemente, le costará más trabajo tomar riesgos en los que considera que hay mucho que perder.

Preferencias sociales: ¿qué es justo?

Al tomar decisiones, la gente no sólo toma lo que les beneficia a ellos en consideración. También tienen ideas sobre la equidad y pueden tomar en cuenta el bienestar de otros, tanto de manera positiva—mediante la cooperación o solidaridad—como negativa—mediante la envidia o la malicia. Experimentos realizados a gran escala por Thaler y otros economistas del comportamiento, han probado cómo las nociones sobre imparcialidad juegan un papel importante en la toma de decisiones. La gente está preparada para abstenerse de beneficios materiales para mantener lo que ellos perciben como una distribución justa, así como para asumir un costo personal para castigar a quienes violan las reglas básicas de equidad, y no sólo cuando ellos se ven afectados por la injusticia.

Es fácil encontrar ejemplos dónde las consideraciones de equidad tienen un impacto: una lluvia inesperada puede provocar una demanda inesperadamente alta de paraguas, pero si el que los vende decide aumentar su precio para que concuerde con la demanda, muchos de los consumidores reaccionaran negativamente, sintiendo que el comerciante se está aprovechando de la situación. Las empresas que violan las normas de equidad pueden ser castigadas con boicots por parte de los consumidores. Además, hay fuertes sentimientos sobre lo que es justo cuando se trata de la paga, lo que afecta el establecimiento de salarios en el mercado laboral a través de comparaciones entre diferentes grupos de empleados. Es muy difícil obtener aceptación para recortes salariales, pues su nivel salarial actual es el punto de referencia debajo del cual la gente no quiere soltar, mientras que es más sencillo que la gente acepte un aumento al salario nominal inferior a la inflación, aunque esto también conlleva un recorte salarial en términos reales.

El autocontrol: el dilema de Odiseo

Así como Odiseo negó a las sirenas para poder obtener el fin mayor de regresar a casa, nosotros tenemos este mismo dilema en todos los niveles de nuestra vida, cuando somos probados por las tentaciones de corto plazo que amenazan el bienestar a largo plazo. La tentación de consumir y disfrutar ahora o esperar y planificar para nuestra jubilación. Una persona que elige una educación más larga tendrá menos ingresos durante sus estudios, pero a cambio se esperarán más beneficios en el futuro.

Las experiencias cercanas en tiempo ocupan más de nuestra conciencia que aquellas que están más alejadas. Thaler, en conjunto con Hersh Shefrin, creó un modelo alternativo para describir el dilema causado por la tensión interna entre un yo planificador y el yo activo (planificador-hacedor). El yo planificador piensa y toma decisiones con el objetivo de felicidad a largo plazo, mientras que el yo activo se rige por objetivos a corto plazo. Esta división ha sido adoptada en la psicología moderna y es también apoyado por varias investigaciones recientes en neurociencia.  Tal como a Odiseo, la respuesta a este dilema está en ayudar a nuestro yo planificador de alguna manera eliminando acciones a corto plazo. Por el contrario, en la economía tradicional, dónde es mejor tomar la mayor cantidad de acciones posibles. En muchos casos, las personas pueden controlarse sin ayuda—incluso, la contabilidad mental puede ser una forma de evitar los lujos a corto plazo. En otros, la sociedad puede necesitar ayudar al yo planeador mediante regulaciones e instituciones que fomenten una perspectiva a largo plazo.

Si desea conocer más a fondo el trabajo de Richard Thaler puede conseguir sus libros más recientes “Todo lo que he aprendido con la Psicología Económica” (2016), Misbehaving: The making of Behavioral Economics (Portándose mal: la creación de la Economía Conductual, 2015) y “Un pequeño empujón: El impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad” (2009) en coautoría con Cass R. Sunstein.

 

Fuente: Royal Swedish Academy of Sciences

www.kva.se

http://nobelprize.org

 

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