¿Enseñas o aprenden?

¿Enseñas o aprenden? ¿Cuál es el objetivo central de la capacitación / formación?

En la formación solemos trabajar sobre conceptos y objetivos, sin duda algunos de los términos que con mayor frecuencia utilizamos es el proceso de enseñanza / aprendizaje. Sin embargo, ser responsable del avance de un grupo de aprendices en cualquiera de los niveles académicos no es tarea fácil.

En el proceso de construcción y reconstrucción del conocimiento, quien tiene el rol de profesor, tutor o docente, en muchos casos no asume al estudiante o aprendiz como un sujeto activo y protagonista de su propio aprendizaje y, por el contrario, persisten las prácticas tradicionales de enseñanza y aprendizaje en las que el estudiante es visto como un contenedor vacío de conocimientos y al que hay que “llenar” con nuevos conceptos. Esta metodología, especialmente utilizada en el aprendizaje de adultos, es muy poco eficaz, no respeta lo que es realmente esencial en la formación / educación, en muchas ocasiones deja de lado las dimensiones críticas en donde el rol del profesor y alumno se transforman en un equipo de trabajo activo y sincronizado y en el que el papel de la evaluación toma un significado diferente.

La globalización y la revolución científica han aumentado la importancia de la enseñanza y aprendizaje en todos los niveles y en todas las edades, así como el valor de las actitudes activas y conscientes para la apropiación de conocimientos. Los nuevos retos de un mundo cambiante en todas sus dimensiones, especialmente en el aporte científico, y la relación del hombre con el entorno ambiental, han llevado a resaltar la importancia de la generación de conocimiento que permita la contribución al desarrollo de competencias en el estudiante, quien se convertirá en un ente de transformación y desarrollo para la sociedad. Esta perspectiva representa un enorme reto para el maestro y para el país, cuando “hoy América Latina apenas genera el 2.5% del conocimiento científico de frontera y tan solo diez países altamente desarrollados producen el 94% del saber y la tecnología de punta” (Bravo, 2003, p. 24). Si esta realidad no se instala en el centro de la problemática de la enseñanza y el aprendizaje de las ciencias en todos los niveles educativos, el problema se amplía exponencialmente.

Enseñar implica relacionar al estudiante con la oportunidad de establecer un diálogo racional entre su propia perspectiva y el entorno en el que se desarrolla, con el fin de explicarse el mundo de manera más científica en forma progresiva. El estimular el proceso de criticidad, curiosidad, creatividad y confianza en sí mismos tiene importancia significativa. Y este punto pasa a ser medular en el trabajo de docentes, formadores, capacitadores que tenemos la responsabilidad de generar conocimiento además de desarrollar competencias y habilidades entre los aprendices.

Tomar conciencia sobre la responsabilidad de fomentar el deseo de aprender y profundizar en un tema específico nos lleva a evolucionar las metodologías en las que compartimos conocimientos para que sean acordes tanto a la época como a las necesidades del aprendiz. Innovar también en las prácticas de la pedagogía y andragogía obliga a reevaluar si tenemos como objetivo central “enseñar” o lograr que nuestro público o audiencia “aprenda” y sea capaz de poner en práctica los conocimientos adquiridos, de otra forma se pierde lo esencial en este proceso.

La pregunta sigue siendo: ¿Enseñas o logras que aprendan?

Diana González

  • Poliedro

POLIEDRO

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