La Ley del Espejo

La Ley del Espejo nos plantea que el origen de nuestros sentimientos negativos hacia alguien está en nuestro corazón y no en la otra persona. Es decir, los sentimientos tienen su origen en nuestro interior y es por eso que somos nosotros los responsables de manejar creencias, ideas y malos pensamientos hacia los demás. Como coloquialmente se dice “Lo que te choca, te checa”.

El principio de la Ley del Espejo sugiere que el corazón es el origen de las cosas. Allí se albergan las razones por las cuales se reacciona de cierta manera ante las opiniones o acciones de los demás hacia ti.

Un argumento de esta teoría se presenta con un ejemplo sencillo:

Debes fijarte en cómo reaccionan quienes te rodean con respecto a los comentarios o acciones recibidas. Surgen un montón de sentimientos diferentes en cada persona. Lo anterior sugiere que la reacción es relativa a lo que yace en el corazón de cada uno.

Si alguien nos despierta emociones desagradables, aunque no lo sepamos, probablemente, es porque de algún modo refleja algo de nosotros mismos que no queremos ver y tenemos que trabajar en ello, dándole espacio para permitirlo, sanarlo, o liberarlo.

No obstante, los problemas solo se solucionan de raíz si modificamos nuestro estado interno, porque si esperamos a que cambien los demás y las situaciones que nos envuelven, nunca nos sentiremos satisfechos.

La actitud es lo que marca la diferencia y el primer paso para mejorarla es la toma de conciencia. Al hacerlo plenamente, nos damos cuenta de que no tenemos por qué sentirnos constantemente víctimas de nuestras circunstancias.

En gran medida, en nuestras manos está cambiar la realidad, adquiriendo la responsabilidad por nosotros, y brindándonos la oportunidad para actuar y dejar de sentirnos indefensos y desprotegidos ante el resto del mundo.

Experimentaremos tal transformación interior que llegará a afectar al exterior, cambiando a mejor todo aquello que antes nos disgustaba.

Por ello, a través de esta ley, se pueden comprender ese tipo de cosas y, a la vez, comenzar por cambiar lo negativo. Hay que ir paso a paso hasta reaccionar ante las situaciones de manera más tranquila y libre de pensamientos nocivos para la mente.

Porque el enfado, habitualmente, es con uno mismo y no con el otro. Es decir, todo comienza y todo termina en el “sí mismo”, pues es la proyección la que juega con nuestra mente, como si nuestra realidad fuese un espejo que nos devolviese la imagen que estamos generando.

Esto nos sitúa delante de un espejo para enfrentarnos con nuestro interior que es, en definitiva, el que determina todo lo que nos sucede en la vida. Así es que, como diría Jung, “lo que niegas, te somete y lo que aceptas, te transforma”.

Emplear la Ley del Espejo es posible en cualquier situación de irritación y molestia con los demás. A través de ella se ejercitan varios factores:

  1. Autoconocimiento personal: si alguien despierta emociones desagradables en ti, es muy probable que la respuesta esté en tu propio interior. Con esta técnica se realiza la toma de consciencia acerca de estas respuestas.
  • Encontrar el equilibro: una vez identificadas las causas de los sentimientos desagradables, el foco de la responsabilidad se divide entre los demás y uno mismo, de forma que el peso de las malas acciones se equilibra.
  • Alcanzar la calma: encontrar respuestas a lo que desagrada, así como darle solución, siempre es motivo de alivio y serenidad.
  • Iluminar lo inconsciente: las respuestas a estas emociones nunca están muy claras, es decir, forman parte de procesos inconscientes. Con esta técnica se puede tirar de ellos y sacarlos a la luz para analizarlos en detalle.
  • Mas empatía y compasión hacia los demás y hacia uno mismo: En el momento que te pones en el lugar del otro, aceptas la imperfección “humana” ajena, puesto que también la percibes en ti.
  • Liberar la actitud de víctima: deja de ceder tu poder personal a los otros para empezar a responsabilizarte de tu persona.
  • Mas sabiduría y Libertad: comprensión sobre las cosas y libertad de elección, puesto que estás menos condicionado/a por lo exterior. Y, por último, el saber perdonar es de sabios, porque odiar a alguien es como beber veneno y esperar a que muera el otro.

Los 4 matices de la Ley del Espejo

  1. Los demás nos reflejan algo nuestro que no queremos ver o aceptar.
  2. Lo que nos molesta de alguien nos refleja lo contrario de cómo somos.
  3. Cuando queremos controlar o manipular al otro teniendo expectativas egoístas.
  4. Cuando sin darnos cuenta estamos haciendo lo mismo a terceras personas.

Ahora vas a sacarle provecho a esta Ley:

Para ello basta con elegir una sola persona. Esta debe serte de poco agrado, así el ejercicio será más relevante.

Una vez que tengas al sujeto en mente (alguien con el cual no sientes empatía y crees que te ha hecho daño), elabora una lista con las cosas positivas que debes agradecerle.

Para realizarla se debe tomar el tiempo suficiente. Paciencia y cero ansiedades son los ingredientes para acabarla.

Al terminar, léela en voz alta como si estuvieses diciéndoselo a esa persona.

Yendo más allá, la Ley del Espejo sugiere reparar los lazos con quienes te rodean. De tal forma, el corazón irá dejando de lado los pensamientos destructivos y la empatía florecerá de manera paulatina.

Una vez en frente de esa persona, le mencionarás la lista de cosas positivas y, si es necesario, pedirás perdón. Tu vida empezará a cambiar a partir de ese momento.

Espero que te haya gustado. Si quieres cuéntanos si te has sentido identificado/a con alguna de las situaciones anteriores y si te animas a trabajar en ellas para seguir evolucionando en el camino de la vida.

Sabremos que nos hemos liberado cuando lo que tanto nos incomodaba del otro deje de molestarnos y la experiencia que nos generaba sufrimiento deje de repetirse.

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