Y de pronto… tenemos un problema

Y de pronto… tenemos un problema

          Una serie sobre catástrofes aéreas muestra el caso en cuestión: un accidente aéreo y todo el proceso que deviene después en la investigación para determinar en dónde estuvieron las fallas, quiénes fueron los responsables, así como los pasos para que el mismo accidente no se presente nuevamente.

En uno de los casos analizados, los pilotos hacen un despegue que han realizado decenas o cientos de veces. Si bien la zona montañosa está muy cerca, lo habituados al despegue hace que la misma aeronave pierda su potencia y se diluya a su espalda para luego hacer un giro de 180 grados. Lo que sí rompe lo esperado es la escaza visibilidad con la que cuentan quienes pilotean el avión, la neblina es extraña para la época del año, pero sobre todo para esta región. Iniciado el despegue y al inicio del giro, algunos de los sensores que actúan como alarma sonaron, los pilotos los descartaron y confiaron en su instinto para adentrarse de lleno en el giro. Segundos después otro sensor se mostró en el tablero, pero también fue descartado; los pilotos confiaban en su experiencia, en su sentido de lo que habían hecho innumerables ocasiones.

Las alarmas e indicadores continuaron conforme a los protocolos establecidos por la aeronáutica, pero incluso las programadas para tomar el avión en piloto automático no fueron consideradas. Para cuando la neblina dio oportunidad de ver, pocos minutos después del despegue, el avión colisionó contra la montaña. Lo anterior fue catalogado como un error humano, humano sí, definitivo, pero lo que nunca se mencionó fue por qué los pilotos se aferraron a su criterio y experiencia a pesar de todas las alarmas. El problema, que se pudo haber solucionado en los primeros minutos con un reajuste, se agravó hasta terminar de manera trágica.

El caso de la falta de agua en Nuevo León de la noche a la mañana se deslizó ante nuestros ojos para tomar las primeras planas en cuanto a la prioridad de los problemas que afrontamos como país. Sí, de la noche a la mañana, de repente, como si una ciudad se pudiese quedar sin agua en pocos días u horas fuera posible. El problema nos sacó de nuestra zona de confort, de nuestra burbuja llena de temas sin importancia y sin problemas, para meternos en una dinámica que nos asusta: el fin del mundo ahora se cierne sobre nosotros. Pero luego, los que no vivimos ahí caemos en la calma: “no es nuestro”, “está muy lejos”, el pensamiento tranquilizador nos aleja del problema y hasta nos posibilita para burlarnos en un partido de futbol de la desgracia ajena. Del blanco al negro, de la tranquilidad a la incertidumbre pasamos como si nada.

La falta de agua en una región o país no es algo que se dé en unas horas, minutos, semanas o meses. Es algo parecido al vuelo descrito en las primeras ideas: tenemos un plan detallado que nos facilita salir bien, ponernos cómodos en nuestro asiento para contemplar el paisaje. Pero también el problema del agua tiene alarmas, los análisis nos vienen diciendo desde hace por lo menos una década cómo el crecimiento no planeado y el cambio climático, además de otros muchos factores, iban empeorando y dificultando la obtención y distribución del preciado líquido. Pero, como los pilotos del vuelo desconsideramos las alarmas, las fuimos desactivando y eludiendo, los pocos que las vieron, porque otros iban disfrutando del paisaje a través de las ventanas o viendo a su equipo de futbol jugar en las pantallas de sus asientos. El vuelo siguió hasta que en definitiva el problema, la montaña, se postró frente a nosotros para estrellarnos.

Pero es solo la escasez del agua lo que vemos así o, por el contrario, actuamos de la misma manera para afrontar nuestros problemas como sociedad. Las alarmas de nuestro modelo de vida están sonando, tenemos problemas en diferentes aspectos y diferentes niveles en la sociedad: inseguridad, desempleo, inflación, vacunas, pandemia, sólo por mencionar algunos. De todos tenemos alarmas que están sonando y que vamos descartando porque nos estorban, o las simplificamos a blanco y negro. Y si no dejan de sonar aplicamos soluciones como el caso del agua, a corto plazo, (perforar más pozos), para que el siguiente sexenio o generación lo tenga que afrontar.

Si pudiésemos ver o analizar todas las alarmas que están sonando definitivamente sería muy incómodo y complicado proponer soluciones, pero de eso a evadir las alarmas hay un abismo porque entonces solo habría que preguntarnos: “¿Cuándo se estrellará este avión?”.

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