
Aprendizaje en Evolución: los 100 lenguajes como estrategia para reciclar, reducir, reutilizar y recuperar el conocimiento
El término del aprendizaje continuo lo hemos visto desde los años anteriores al siglo XXI y se refiere a la idea de que el aprendizaje no se detiene en un punto específico de la vida, sino que es un proceso constante y en evolución. Sin duda, no podemos ni debemos estancarnos. El aprendizaje, más allá de las interacciones entre pares, abarca también la transferencia de conocimiento entre generaciones, siendo esto un indicador de madurez y seguridad en el individuo.
La conservación y generación del conocimiento puede fácilmente relacionarse con conceptos de trasfondo similares a los de la conservación ambiental. En la conservación ambiental, las 4 R’s significan reducir, reciclar, reutilizar y recuperar. Al analizar de cerca estos conceptos, nos damos cuenta de que es una buena idea aplicarlos a la forma en que aprendemos y, aún más importante, a la manera en que utilizamos los conocimientos adquiridos.
Partiendo de la hipótesis de que todo es aprendizaje, debemos aprender a mirar nuestro entorno con nuevos ojos. La científica, periodista y escritora Alexandra Horowitz describe en su libro «Percibir lo extraordinario» cómo unos pocos conocimientos pueden expandirse al cambiar la forma en que observamos el mundo. Por ejemplo, la teoría del auto rojo es una excelente metáfora que nos pone en perspectiva la manera en la que buscamos oportunidades, no se trata de encontrar autos rojos por sí mismos, sino de cómo prestamos atención a aquello que consideramos que nos puede representar una oportunidad. ¿Pero qué pasa cuando pensamos en un concepto nuevo? ¿Somos capaces de ver situaciones nuevas como oportunidades? ¿Hemos considerado la posibilidad de aprender de generaciones más jóvenes, de dispositivos digitales como tutores, o incluso de inteligencias artificiales? Hay tantas fuentes de aprendizaje disponibles si estamos dispuestos a explorarlas.

Se trata de colaborar con nuestros semejantes, de observar y determinar qué necesitamos aprender o desaprender para dar paso a nuevos modelos mentales. Esto implica reducir la obsesión por tener siempre la razón y estar abiertos a nuevas ideas, dando espacio a nuevos enfoques; reutilizar sólo aquellos conocimientos o conceptos que nos son realmente útiles, dejando atrás concepciones añejas que ya perdieron vigencia, reciclar nuestros conocimientos valiosos y recuperar conceptos que hemos dejado atrás, como la motivación, la curiosidad y la capacidad de asombro.
El aprendizaje continuo se manifiesta en la diversidad de títulos y certificaciones disponibles en la actualidad, desde certificaciones en línea hasta programas de microcredenciales. Esto refleja una revolución en la forma en que entendemos la educación, donde la adquisición de conocimiento va más allá de los títulos formales para incluir una amplia gama de experiencias de aprendizaje.
El concepto de «los 100 lenguajes del niño» propuesto por Loris Malaguzzi, fundador de las escuelas de Reggio Emilia en Italia, nos invita a considerar las múltiples formas de conocimiento, expresión y comunicación disponibles para los adultos en el contexto del aprendizaje continuo. Malaguzzi defendía la idea de que los niños tienen una amplia gama de formas de expresarse y de comprender el mundo, más allá del lenguaje verbal. Esta filosofía resalta que el aprendizaje no se limita a la adquisición de información de manera pasiva, sino que se nutre de la exploración, la experimentación y la creatividad.
En el enfoque de «los 100 lenguajes», se entiende que cada persona tiene sus propias habilidades, intereses y formas de aprender. Esto nos lleva a abrir nuestra mente y explorar diversas formas de conocimiento y expresión, desde las artes visuales y la música hasta el movimiento corporal y la narración de historias. Al adoptar este enfoque, no solo ampliamos nuestras capacidades cognitivas, sino que también fomentamos la diversidad y la inclusión en el proceso de aprendizaje.
La idea de Malaguzzi nos recuerda que el aprendizaje continuo no se limita a un único método o área de conocimiento, sino que abarca un espectro amplio de posibilidades. Al explorar y valorar los «100 lenguajes», estamos abriendo las puertas a un aprendizaje más holístico y enriquecedor, donde cada individuo puede encontrar su voz y contribuir de manera significativa al desarrollo de la comunidad educativa y social.

En el enfoque de los «100 lenguajes del niño», podemos encontrar una conexión profunda con los conceptos de reciclar, reducir, reutilizar y recuperar aplicados al aprendizaje continuo. Veamos cómo:
Reciclar: al adoptar una mentalidad de aprendizaje abierto y diversificado, estamos reciclando nuestros enfoques y perspectivas sobre la educación. En lugar de quedarnos estancados en métodos tradicionales, estamos abriendo la puerta a nuevas formas de aprender y expresarse, permitiendo que las ideas se renueven y se adapten a las necesidades y contextos actuales.
Reducir: al enfocarnos en los «100 lenguajes» estamos reduciendo la limitación de nuestro conocimiento a un solo canal o método. Reducir, en este sentido, significa disminuir las barreras mentales que nos impiden explorar y aprovechar plenamente las diversas formas de conocimiento y expresión disponibles para nosotros.
Reutilizar: el concepto de reutilización se manifiesta en la capacidad de aprovechar y aplicar múltiples formas de aprendizaje en diferentes contextos. Así como reutilizamos materiales para reducir residuos, también podemos reutilizar nuestros conocimientos y habilidades en situaciones diversas, enriqueciendo así nuestro proceso de aprendizaje y nuestra capacidad para resolver problemas de manera creativa.
Recuperar: al adoptar el enfoque de los «100 lenguajes» también estamos recuperando aspectos esenciales del aprendizaje humano que a menudo se subestiman o se descartan en entornos educativos tradicionales. Esto incluye la capacidad de asombro, la curiosidad innata, la creatividad y la diversidad de formas de expresión. Recuperar estos elementos esenciales nos permite tener una visión más completa y enriquecedora del aprendizaje y la educación.
En conjunto, al aplicar los principios de reciclar, reducir, reutilizar y recuperar al enfoque de los «100 lenguajes del niño», estamos creando un entorno educativo más dinámico, inclusivo y sostenible, donde cada individuo puede desarrollar todo su potencial y contribuir de manera significativa al proceso de aprendizaje colectivo.
En resumen, estamos orientados a utilizar prácticas que buscan conservar el conocimiento, fomentar el aprendizaje y mejorar la calidad de vida de la comunidad adulta. Al aplicar las 4R’s al aprendizaje, podemos crear un entorno más dinámico, inclusivo y en constante evolución donde todos tienen la oportunidad de aprender y crecer.
