¡No somos máquinas! … ¿No somos máquinas?

¡No somos máquinas! … ¿No somos máquinas?

¿Qué es exactamente lo que nos hace humanos? La pregunta que ha ocupado a las más grandes mentes de la humanidad, la de muchos mortales de a pie y uno que otro con la imaginación de un cangrejo.

Las mejores respuestas van desde la religión hasta la cultura: “Somos humanos porque Dios nos creó a su imagen y semejanza”, una poderosa declaración de muchas religiones monoteístas (muy presente en el cristianismo) que apuntan también a que, unida a nuestra mortalidad, hay un alma, una pequeña parte de nosotros que es divina y nos diferencia de toda la creación de Dios.

Para la biología somos una rama más de los homínidos que se separó de sus ancestros para terminar en homosapiens y ser contemporáneo de sus primos hermanos los gorilas.

Para algunos filósofos lo que nos hace humanos es nuestra capacidad de abstraer la realidad, crear conceptos que no existen en el mundo físico y a partir de ellos crear un sentido, un conocimiento de nosotros mismos y hasta una estructura moral… ya saben: “¿Quién soy?”, “¿A dónde voy?”, “¿Qué es la felicidad?”, “¿Será feliz mi perro?”…

La respuesta no puede ser exacta o definitiva, pero hay algo que es seguro, desde que la humanidad desarrolló las primeras herramientas de piedra hasta hoy que la inteligencia artificial nos va a dejar sin empleito, los humanos siempre hemos sabido distinguir un humano de otro animal, pero eso podría cambiar pronto.

Cíborgs

La idea de humanos “mejorados” ha existido desde hace mucho en la literatura y en la ciencia ficción. Sin embargo, por allá de los años 60 ‘s, durante la fiebre de la carrera espacial, un par de científicos estadounidenses acuñaron el término cíborg para referirse humanos que serían mejorados con tecnología para eventualmente habitar planetas extraterrestres. 

El espacio y otros planetas no son lugares para los humanos. No estamos diseñados para vivir en esas circunstancias. Pero a los humanos nos gusta explorar y pues… ¿qué le vamos a hacer?

¿Están entre nosotros?

Sin aventurarnos en el futuro podríamos decir que ya somos cíborgs. Puede sonar escandaloso, pero ¿dónde trazar la línea? 

¿Es una persona con marcapasos, corazón artificial o un implante auditivo un cíborg? Si usted considera que la respuesta es no, ¿qué pensaría de una persona discapacitada que recibe prótesis de todas sus extremidades y le permiten ser más fuerte que la persona promedio?

¿O qué tal si usted tuviera unos lentes de contacto que le permitieran grabar todo lo que ha vivido y tener acceso a un video de todas sus memorias en un instante? (En la serie de Netflix, Black Mirror S1- E3 nos dan una buena idea de cómo sería un mundo así.)

La mayoría de las personas ni siquiera se plantean esta pregunta y no lo perciben como una amenaza real a nuestra humanidad, nos parece, más bien, un avance esperado de la tecnología. En el fondo sabemos que seguimos siendo humanos, porque lo que nos hace humanos no es el latir de un corazón o extremidades biónicas… hay algo más.

Todo está en la mente

Aún con un corazón artificial y un cuerpo de hojalata como Robocop, es posible que usted piense que seguiría siendo usted, el mismo humano de siempre, su ser más profundo vive en su conciencia, está enquistado en su cerebro, no obstante, la frontera del cerebro ya ha sido rebasada.

Elon Musk expresó en 2023: “Ya somos cíborgs. Nuestra memoria depende abrumadoramente de computadoras, son extremadamente buenas en recordarlo todo con la precisión de un pixel.”. Una declaración por demás interesante viniendo del cofundador de la empresa Neuralink que desarrolla implantes que se instalan directamente en el cerebro a través de una cirugía.

Este dispositivo es capaz de grabar y aprender de los estímulos electromagnéticos del cerebro para luego imitarlos y estimular las áreas correctas para generar numerosos beneficios. Las aplicaciones iniciales están diseñadas para ayudar a personas con problemas motrices, Parkinson, Alzheimer, entre otras enfermedades que afectan al cerebro. 

Luego de haber sido probado en cientos de animales, se ha probado finalmente en humanos con éxito, permitiendo a pacientes cuadripléjicos interactuar con computadoras y hasta jugar videojuegos.

El propio Musk ha explicado en múltiples ocasiones que este es solo el comienzo y el objetivo final es incrementar exponencialmente nuestra manera de interactuar con el mundo digital, removiendo la necesidad de un teclado y un ratón para conectarnos directamente a Internet y el consumo de Inteligencia Artificial con solo pensarlo.

Las implicaciones biológicas, éticas y económicas de estas tecnologías son inimaginables. Es probable que estemos frente al final de los homosapiens, o que la desigualdad entre quienes tengan uno de estos aparatos y los que no sea imposible de reducir. Si uno era pobre, pero listo, tenía una oportunidad. Esa oportunidad dejará de existir y sólo le quedará ser pobre.

Por ahora nos queda ser felices. No somos máquinas. Todavía.

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