
Novela histórica o historia novelada
Ruth Castro
A bastantes lectores nos atraen las narraciones literarias que se basan en hechos reales, con un fondo histórico que convierte las tramas en contenidos de mayor verosimilitud. Hay a quienes, por ejemplo, nos fascinan las novelas cuyos protagonistas son personajes famosos de la historia, hombres y mujeres que existieron, de los cuales nos interesa saber más, ahondar en su vida: emperadores, reyes y reinas, políticos/as, científicos/as, escritores/as y artistas.
Para lograr atractivas historias de este tipo, quienes escriben deben hacer, por una parte, un trabajo laborioso y detallado de historiador: consultar archivos, notas de periódico, entrevistar, consultar y comparar fuentes, etc., y después convertir todo ese material de la realidad y la Historia en una obra organizada, estructurada, con variados recursos narrativos que mantengan a los/as lectores lo suficientemente interesados para llegar hasta sus últimas páginas.
Desde el siglo XIX, lo que se denominó literatura “realista” buscaba representar la realidad de manera objetiva y crítica, con largas descripciones, no solo de los espacios de la ficción, sino también del vestuario, tradiciones, conducta, que refiriera a una época y una cultura particulares.
En el caso de las obras que deben ser lo más fiel posible a la realidad, no sólo por su intención realista, sino porque desarrollan literariamente la biografía o parte de la vida de una persona conocida a partir de una investigación histórica, las preguntas que surgen muchas veces entre los lectores son: ¿hasta dónde un texto es verídico y hasta dónde es ficción?, ¿qué licencias tienen los/as autores/as para rellenar huecos que no se pueden corroborar en fuentes precisas?, ¿hasta dónde una novela de este tipo es Historia?

Para responder las preguntas anteriores, la crítica literaria ha diferenciado la novela histórica de la historia novelada. Dos categorías que comparten rasgos pero que también se particularizan en su enfoque y estructura narrativa.
Se le denomina novela histórica a una obra de ficción que recrea un periodo histórico y puede incluir personajes y eventos no ficticios; los personajes que sí son ficticios suelen interactuar con personajes históricos reales, y hay una mayor libertad creativa en el sentido de que muchos diálogos y acciones son parte de la imaginación de su autor/a, incluso si se han basado en datos históricos.
Por su parte, se le ha llamado historia novelada a la narración de hechos históricos, que a su vez emplea técnicas narrativas propias de la novela; se centra en la autenticidad de los hechos y testimonios históricos, y en algunos casos, son textos que parecen más ensayos o biografías con un toque literario.
Desde la descripción de ambas categorías literarias parecen claras sus diferencias, una se apega mucho más a “la realidad” que la otra. La verdad es que es más complejo de lo que cualquier lector pueda pensar, porque en el oficio de historiador, como en el de escritor, la propia escritura se debate desde el momento en el que se decide qué sí y qué no contar, desde dónde se narra, y un largo etcétera de decisiones.
Sin embargo, la novela histórica, con sus permisos ficcionales y un poco menos apegada a la realidad, nos ha hecho conocer a enormes autores/as que con su poder imaginativo nos permiten recrear posibilidades en los casos en que no hay suficientes fuentes de información.
Una autora inglesa que explora tanto la investigación histórica como la imaginación es Maggie O´Farrell, quien los últimos años ha escrito dos novelas históricas cuyas protagonistas fueron reales, pero marginales: Hamnet y El retrato de casada. En la primera explora la vida familiar de William Shakespeare (aunque su nombre nunca se menciona). La historia se centra en la muerte del hijo del autor, Hamnet, a la edad de once años, y cómo esa experiencia afecta a la familia.
Dicha historia sucede en Stratford-upon-Avon a fines del siglo XVI, y cuenta la historia de cómo Agnes, mamá de Hamnet, y su esposo se conocieron y se casaron. Agnes es representada como una mujer que sabe de plantas y es capaz de crear remedios con ellas. Esta novela fue acreedora del premio Women’s Prize for Fiction en 2020. Algo singular en las historias de la autora es que sus personajes centrales no son los más famosos y conocidos por el público. Por ello Agnes y no William Shakespeare.

Por su parte, en El retrato de casada, Maggie O’Farrell elige narrar la corta vida de Lucrezia de Médici, tercera hija del gran duque Cosimo de Medici, una niña callada y perspicaz que poco se menciona en documentos históricos. La novela cuenta la infancia de Lucrezia, y como después de la muerte de su hermana María, es obligada a casarse con Alfonso d’Este, el primogénito del duque de Ferrara, que es doce años mayor que ella. O’Farrell nos ofrece una reinterpretación ficticia de un capítulo de la vida renacentista italiana. En ambas novelas mencionadas no es tan importante qué de la historia que se cuenta es fiel a los datos históricos sino las posibilidades que la autora recrea para sus protagonistas, a partir de una investigación histórica intensa.
Ambas van más que recomendadas.
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Ruth Castro
Escribe, edita libros y promociona la lectura. Licenciada en Lengua y Letras Hispánicas por la Universidad Veracruzana. Bibliotecóloga en el Museo Arocena. Fundadora de la librería El Astillero Libros. Coordinadora de literatura y ediciones en distintas administraciones municipales y estatales en Coahuila.
Becaria PACMYC 2007-2008 y 2022-2023; Becaria Iberex en Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español, Madrid 2021. Autora del libro El Sotol. Una historia de árido mestizaje (2023); y Pensar a caballo, pensar sobre la almohada (2024).
Clarísima explicación de la diferencia entre novela histórica e historia novelada. Gracias