
Botox y rellenos bien hechos. Olvídate de la “cara congelada”
Hay algo que escucho casi a diario en mi consultorio, una pregunta dicha de muchas maneras pero con la misma inquietud de fondo: «Doctora, si me pongo botox o relleno ¿voy a quedar con la cara inexpresiva, acartonada, congelada?» Y luego de tantas imágenes desagradables de los medios y de las redes sociales lo entiendo perfectamente. Vivimos rodeados de ejemplos que nos han hecho desconfiar —rostros inexpresivos, cejas en actitud de miedo o de sorpresa, labios voluptuosos que parecen flotar de manera independiente del resto de la cara. Pero permítanme decirles algo que creemos muchos de los profesionales que trabajamos en esta área y que cambió la perspectiva de muchos de mis pacientes: esos no son resultados sutiles, elegantes ni naturales. Eso no es medicina estética bien hecha.

Antes de hablar de resultados, hay que comprender las técnicas y los y productos con los que contamos actualmente. El bótox y el ácido hialurónico no son sinónimos ni tampoco son competencia entre sí; son formulaciones completamente distintas que, usados con criterio, trabajan como un equipo en perfecta armonía.
El bótox (nombre comercial de la toxina botulínica) se usa en dosis diluidas para inyectarla en músculos y relajarlos temporalmente. Se trata básicamente una pausa para tus músculos. Lo que hace es impedir por un tiempo que la señal nerviosa les diga “contráete”, así que el músculo se relaja. El resultado no es que la cara quede inmóvil, sino que se suavice: que la frente siga moviéndose, pero con naturalidad; que el entrecejo pueda fruncirse si la persona lo necesita, pero ya no deja esa marca permanente entre los ojos. Su efecto dura entre tres y seis meses y lo mejor es que previene: porque al reducir los movimientos repetitivos, evita que las arrugas se vayan grabando con los años. Cuando ves un rostro “congelado”, casi siempre es porque hubo exceso de producto o una mala técnica, no por el bótox en sí mismo.
El ácido hialurónico es una sustancia natural que produce el cuerpo humano, presente en la piel, articulaciones y ojos, con gran capacidad para atraer y retener agua y por ello funciona distinto: no toca el músculo, sino que le da volumen y soporte. Actúa como un «imán de humedad», hidrata los tejidos, da volumen y elasticidad a la piel, y lubrica articulaciones para evitar fricciones. Es un gel que el cuerpo produce de manera natural, pero que disminuye poco a poco con la edad. Se coloca en puntos estratégicos para recuperar lo que el tiempo y la gravedad han quitado: ya sea en los pómulos, el mentón, las ojeras, los labios. Persiste más que el bótox, ya que dura entre seis y dieciocho meses. Y lo bonito es que, cuando está bien aplicado, no se nota como “relleno”, sino en pequeños detallitos: la luz cae distinto en la cara, la piel se ve más descansada, como cuando duermes rico y descansas bien

Ahora bien, ¿por qué hay resultados tan diferentes entre una persona y otra? La respuesta es casi siempre la misma: técnica, criterio, experiencia y comunicación. Ningún rostro es es igual, ninguna cara es simétrica, ningún músculo tiene el mismo espesor en todas las personas, y ningún paciente debería recibir un tratamiento estandarizado. Por ejemplo, lo que funciona bien en una paciente de treinta y dos años con piel gruesa puede ser excesivo en otra de cuarenta y ocho con una musculatura más fina. La medicina estética de alto nivel es, ante todo, personalizada.
También importa —y mucho— la conversación previa con los pacientes. En mi consulta, antes de usar una jeringa, me gusta preguntarles que es lo que no les gusta ver cuando se miran al espejo. Esa pregunta, pero sobre todo esa respuesta dice más que cualquier análisis fotográfico o técnico. Hay personas que quieren borrar cada arruga que encuentran; otras solo buscan verse más descansadas y naturales, sin que se note exactamente qué se hicieron. Los resultados más elegantes, más armónicos, bonitos y favorecedores en mi experiencia, siempre pertenecen al segundo grupo.
Envejecer bien no significa detener el tiempo, ni tampoco borrar toda la evidencia de una vida vivida. Significa que el rostro que proyectas al mundo refleje cómo te sientes por dentro: activa, lúcida, presente, linda. Para eso están estas herramientas, cuando se usan con inteligencia, moderación y un profundo respeto por la anatomía de cada persona. Buscando siempre resultados que parezcan, ante todo: naturales.

La diferencia entre un resultado que se nota y uno que simplemente funciona no está en el producto, ni en las instalaciones. Está en quien lo aplica y en toda la experiencia que hay detrás.
Dra. Mariana Serrano León
Nouvelle Dermaestética – Hospital Starmédica Querétaro
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