
EN UN SEGUNDO…
Las actividades diarias, la cotidianidad, el trabajo, las ocupaciones, comer, dormir, hacer ejercicio (quien lo realiza), lavarnos los dientes, peinarnos, etc., van transcurriendo a lo largo del día, de la semana, del mes, de la vida, pero ¿qué sucedería si no pudiéramos realizarlas?
Una fiesta familiar, conviviendo, recordando, bailando y en un segundo… todo cambió. Un giro al ritmo de la música, el piso con una capa de polvo y el pie que se resbala. Cuando hay reacción, el suelo es el lugar más cercano y un dolor agudo en todo el cuerpo, aunado al orgullo apenado por la caída. Todo está borroso, el barullo de alrededor, las preguntas de “¿estás bien?” se escuchan como en cámara al vacío, no se sabe realmente qué está pasando. El dolor es cada vez más intenso, querer incorporarse resulta imposible, apoyar la pierna derecha ni en sueños y menos tolerar un roce en el hombro derecho. Poco a poco va volviendo el alma al cuerpo, el susto no se quita, se intenta controlar las palpitaciones y la respiración profunda ayuda a ir aclarando el panorama.
Aparece un doctor y actúa de inmediato. Acomoda la rótula en su lugar. ¡Auch y más aaaaauch! Con cuidado y esfuerzo traslado hacia el hospital, camioneta pick up, silla en la caja y el alivio que dio la grandiosa idea de alguien de poner una tabla para mantener la pierna elevada. Esto fue solo el principio de la odisea, los detalles pueden imaginarlos.
Se programa cirugía para restaurar las fracturas desplazadas de peroné y tibia, placas metálicas en el hombro para su reconstrucción. Duración 5 horas.
Las personas normales que vivimos en este mundo no podemos predecir el futuro, no sabemos qué sucederá ni cuándo, no somos adivinos. Lo que podemos hacer es imaginar las consecuencias de esta caída. Ahora viene la recuperación, que se va a lograr, gracias a Dios, con un gran esfuerzo y paciencia.
En un segundo… de ser una persona independiente, ahora se es dependiente completamente.
Poder realizar las actividades básicas, se tornarán difíciles o nulas por las siguientes 8 semanas, más o menos.
Nos levantamos todos los días dando por hecho que tenemos y nos merecemos todo, pensamos poco en lo afortunados que somos de tener nuestros 5 sentidos y de poder utilizarlos.
El movernos y poder respirar son acciones completamente involuntarias y desapercibidas, suceden de manera natural y listo. Pero… en un segundo todo cambia.
¿Qué tal si tomamos conciencia de lo dichosos que somos? Nos quejamos del clima, si hace calor, si hace frío, si hay demasiado viento, situaciones que no están en nuestras manos controlar. Nos molesta que suene el despertador para levantarnos para ir a trabajar, ¿cuántas personas no tienen un trabajo?; hay tráfico, tenemos un auto o podemos subirnos al camión; tenemos que limpiar la casa, hay un techo dónde vivir y podemos continuar, la lista sería muy larga, son demasiadas las cosas buenas.

También existen las situaciones difíciles, no podemos dejarlas de lado, pero si definitivamente encaminamos nuestra energía a lo bueno y no a lo no tan bueno podemos estar mucho mejor. Los accidentes pasan, tratemos de aprender de ellos. Démonos el tiempo de reflexionar, de sentir, de valorar. Permitámonos experimentar la belleza de nuestros sentidos, de nuestro cuerpo, de la respiración, disfrutemos estar vivos.
¿Vendrán problemas? Sí.
¿Vendrán caídas? Sí.
¿Vendrán retos? Sí.
Pero también habrá días soleados, lluvia refrescante, abrazos y besos, una deliciosa comida, una excelente compañía, tantas cosas y situaciones que no valoramos lo suficiente… ¡Que pasan en un segundo!
La vida trata de tomar decisiones, volvamos a la caída, ¿nos amargamos por ella o aprovechamos el tiempo para tomar una pausa, pensar y valorar? Es ahí en donde está el aprendizaje, donde elegimos, donde nos resignamos o somos optimistas.
Podemos compadecernos de todo lo que nos pasa y hacer un drama o podemos enfrentarnos al obstáculo, brincarlo y seguir adelante con la experiencia adquirida. Habrá momentos donde la fuerza se nos agota y la luz se nos apaga, y se vale sentirse triste y desanimado, pero no quedarse ahí haciéndola de víctima. Tenemos todas las herramientas para seguir adelante, no se vale seguir con quejas, hagamos del agradecimiento nuestra fortaleza y de cada día una aventura. Pongamos nuestra energía en el enfoque positivo, no nos desgastemos en preguntas de los porqués, vamos a dibujar una sonrisa en nuestra cara y que el impulso sea nuestra actitud. Enfrentemos lo que se presente y sigamos adelante, cuidemos nuestra integridad física, alimentémonos emocional, espiritual y físicamente y tomemos todo con calma, con atención y con una visión abierta.
No esperemos a caernos, ¡disfrutemos cada segundo!
Ofelia López
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