
«Bitácora, cuaderno de trabajo y libro de viaje»
Por Berenice Vallejo
Quien no ha hecho alguna anotación en un cuaderno o libreta, a veces hemos tenido un diario, ese espacio seguro donde podemos vaciar el contenido de nuestros pensamientos y nuestras palabras; entonces la bitácora es un lugar secreto, un armario en donde se almacenan las imágenes, textos completos, fechas, nombres o simples palabras de nuestro día a día, instantes que creemos haber olvidado, pero que cuando tenemos la posibilidad de revisar regresamos a ese espacio para recordar. En muchas ocasiones, de forma accidental, podemos sorprendernos a nosotros mismos de lo que hemos escrito en algún momento y almacenado más allá de tenerlo presente y en conciencia plena.
¿Pero qué es una bitácora?
La definición que nos da la Real Academia de la Lengua Española es: f. Mar. En una embarcación: Armario pequeño, situado cerca del timón, en que está colocada la brújula. Se llama cuaderno o libro de bitácora (o, también, simplemente bitácora) al libro en que se apunta el rumbo, la velocidad, las maniobras y demás accidentes de la navegación. Y, por extensión, especialmente en América, se le llama así al cuaderno o libro donde se registran los datos o hechos más relevantes en la relación con una actividad.
Bitácora es una palabra proveniente del francés bitacle, por habitacle, que en su traducción significa compartimiento de pasajeros. En otras definiciones también la podemos encontrar la definición «como parte de una nave donde se ubica la tripulación».

Ahora podemos ver de una forma más romántica que una bitácora es un espacio donde se albergan todos esos pensamientos y las claves de datos exactos para que la memoria no nos traicione. Todos deberíamos tener una bitácora, una libreta de trabajo que nos acompañe continuamente y en la cual anotemos todo suceso bueno o malo, un lugar en donde podamos cuestionarnos ¿Qué hice?, ¿Por qué lo hice?, ¿Para qué lo hice?, ¿Qué aprendí de ello?, ¿Cómo me sentí o me siento al respecto?, ¿Si fue o no un problema y cómo lo he resuelto? Quizás si tuviéramos presente a esta bitácora como un compañero y siendo parte de nuestra estrategia de nuestro acontecer diario, nuestra vida sería más sencilla, pues es a veces en ciertos momentos en donde se nos presentan acontecimientos que hemos vivido o enfrentado y que parecen repetirse, pero realmente a lo largo de la vida nos perdemos y no recordamos qué fue lo que hicimos para librar esa experiencia. Es aquí donde toma más sentido la definición de lo que es una bitácora. Es entonces una guía que va junto al timón, en este caso, nuestra mente, que es la que se pierde ante las actividades cotidianas. La bitácora funciona como la brújula que nos guiará para tomar el rumbo de nuestras decisiones. Nos dirá con qué velocidad hacerlo, cómo ser asertivos al momento de accionar, cómo tener en cuenta los momentos accidentales y cómo pudimos maniobrar con ellos. Pero el tema no termina en esto, si tenemos una bitácora para nuestro acontecer laboral, ¿nos permitiría ver nuestros avances, nuestros viajes creativos, nuestro crecimiento o nuestros errores? y ¿Cuántos de ellos los podemos convertir en un acierto para abrazarlo, manipularlo y crecerlo? Esta respuesta solo la encontraremos si abrazamos este libro de viaje que transita con nosotros y nuestra vida, que nos contará las aventuras que hemos pasado para reflexionar cotidianamente quienes somos y a donde vamos.

Podemos encontrar un gran ejemplo de bitácoras en el trabajo desarrollado por Ana Mayoral Marín, artista visual, docente y gestora cultural, maestra y docente de la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Autónoma de México UNAM, con más de 20 años de experiencia, teniendo la materia en el área de posgrado de bitácora con el mismo título de este artículo, en quien fue inspirado por su trabajo dentro del que se destaca por abarcar diversas disciplinas, como el collage, el dibujo, la ilustración, el arte textil, el arte-objeto, la encuadernación, el libro alternativo, el readymade y la instalación… Su obra explora temas como la autobiografía, la noción de casa y hogar, procesos creativos, la vida cotidiana, el viaje y el arte terapia, entre otros. Está comprometida con las causas sociales, participando activamente en proyectos colectivos multidisciplinarios. Todo su trabajo lo podremos encontrar también plasmado en sus bitácoras, en donde vemos sus procesos de trabajo, su obra, su desarrollo personal y profesional.
En palabras de ella: «Una bitácora es aquella que alberga las estrategias para registros de procesos de producción artística en proyectos de investigación». El trabajar con una bitácora no solo es impartir una materia; es tener la oportunidad de brindar las herramientas necesarias para la recopilación y organización de información para los procesos creativos de investigación».
Para mí, dice Ana, «es un contenedor de experiencias, tanto en los procesos académicos como en los personales; es este lugar donde puedo combinar, lo formal y racional con lo subjetivo y lo emocional». No es un diario de forma rigurosa, pero es un registro constante. De hecho, todos deberíamos llevar una bitácora en nuestra bolsa independientemente de la profesión que se desarrolle».

Puedo decir que he podido volverme a enamorar de mi propio trabajo gracias a desarrollarme libremente en mi libro de trabajo. Este espacio tan íntimo es mío, es propio, es un lugar en donde no puede ser intervenido más que por mí, es mi espacio seguro, en donde el espectador soy yo, crítico, juez y actor de mi propia obra. Trabajar en algo que parecía ser solo una clase más se transformó en una enseñanza de lo que es poder expresarme con libertad en un espacio libre. Es mi compañero de viajes, de aventuras, mi confidente y mi memoria; espero que todos puedan tener una con el objetivo de registrar el transitar por la vida.
BIBLIOGRAFIA
• Real Academia Española
• Ana Mayoral Marín
https://posgrado.unam.mx/artesydiseno/cuerpo-tutor/tutores/165/ana-mayoral-marin