
BAJAVION 50
50 columnas, una conclusión
Por: Roble Limón
“Estimado lector, disculpe la molestia que le vengo ocasionando. No le voy a mentir diciéndole que soy una exconvicta, o que acabo de salir de un centro de rehabilitación. Las mañas y el léxico son desdendenantes y prefiero escribir en este medio, antes que lanzarme a saquear tiendas nomás así, “a lo Borras”…”, así le saludaba yo cincuenta Bajaviones atrás, estimado lector. Cincuenta ediciones han visto la luz desde que empecé desde abajo en este medio… y ahí me quedé.
Henos aquí nuevamente, mi bajavionense de oro y plata, usted con su café (o su mezcalito, según sea la hora) en mano, y yo con un teclado lleno de migajas y cacahuatillos de galletas Chocolatines (¿hay de otras?) y ocho años de historia atravesada en los dedos. Hace cincuenta columnas iniciamos este espacio con la ilusión de que México, país en el que si se cae un morrillo te dicen que “no lo veas para que no llore”, iba a cambiar. Y sí cambió, pero pa’ nuestra sorpresa cambió así como cuando uno se pone sus lentes y se da cuenta de que es aún más feo de lo que pensaba… el mundo y uno, digo.
2017, arrancamos. La política estaba ¿tranquila?… sería nomás porque estaba juntando juerzas para el chingadazo. Al menos daba más risa… Trump apenas estaba acomodando sus petacas en la silla de la Casa Blanca mientras que Enrique Peña Nieto agradecía a los veracruzanos por una “acogida recibida” y el País se encontraba en esa delgada línea entre el “ya basta… de estupideces” y “pues ya ni pedo”.
2018 y “pues ya ni pedo”, la coronación de AMLOVE (léase como “El Niño perdido y hallado en el templo” de los Misterios Gozosos): Morena prometía cambiarlo todo y lo cumplió… ahora estamos peor que cuando estábamos… peor. Creyendo que echaríamos pa’fuera a “la mafia del poder”, nos echamos a la uña “la cooperativa de la ineptitud”. Compramos el discurso aquél de que “no mentir, no robar y no traicionar” eran suficientes para erradicar la corrupción y terminamos viendo a los nuevos morenistas restregarnos en la jeta viajes, joyas y excesos mientras el sistema de salud empezó a colapsar. Salud, Turismo y Trabajo, las secretarías con más recortes en los 5 años del Macuspano. Defensa, Marina, Bienestar y Energía, las que mayores incrementos en recursos tuvieron de 2019 a 2024. Déle lectura.
Cancelación del aeropuerto de Texcoco (¡mis ahorros, mis ahorros!) y estreno de la Cuarta Transformación que más bien olió a Decepción. Chairos y Fifis atrincherados uno en cada extremo y México, país en el que “mañana te deposito, porque no hay sistema en el Oxxo”, encontró en esa pelea su nueva telenovela diaria.
2019 de glitter y luto: perdimos ídolos, ganamos rabia. El Estado dijo “noigo, noigo, soy de palo” y las morras le subieron al volumen. Murieron José José, Celso Piña y Camilo Sesto, pero nació algo de esperanza. Andrés Manuel López Informador rindió cuatro informes de su gestión en un solo año. Cuatro. Claro, porque su calendario fue como sus consultas: inútiles e innecesarias. Y las mujeres marcharon con diamantina para iluminar lo que las cifras ya gritaban: en México, país del “—Ahí ta’…. —¿On’taba?”, ser mujer es deporte extremo.
2020, el año en pijama. No es queja. Descubrimos que todo cabe en una pantalla de 13 pulgadas, sabiéndolo acomodar. Pandemia, cubrebocas, gel antibacterial y distancia social. Misas en casa, donde la parte favorita de uno era la de robarse las limosnas. Home office, nos asomamos a Zoom y descubrimos que la pijama también es vestimenta formal… si no te levantas. El “Cobijas” (COVID-19 y su nombre de Secundaria Técnica Federal) nos convirtió en influencers y “expertos” en temas de salud. Pepillo Origel se fue a vacunar a Miami y Andrés Manuel López Detonador se defendía del virus con un “detente”. Lo peor del virus fue que no se llevó al presidente más naranja de la historia: Donald Trump.

2021-2022, salimos, pero a medias. Todo a medias. Entre vacunas, inflación y guerra en Ucrania, la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México no lo logró. ¿Usted sabe en qué quedó? No me responda. Pareciera que farándula y política no tienen nada qué ver, aunque son la misma gata, pero revolcada. Vimos a Paquita la del Barrio postularse para diputada y a Lupita Jones desear la corona… pero de gobernadora de Baja California. ¿Cómo por? La austeridad mata. Mientras el gobierno presumía ahorros, el pueblo despilfarraba memes.
2020 fue el año del miedo, el 2021 el del autoengaño y el resto es déjà vu.
2023-2024, la democracia digital llegó… a chingarnos a todos por igual. Auge de la inteligencia artificial y su uso para todo, desde escribirle un mensaje de amor a tu “pior es nada”, hasta redactar promesas de campaña más vacías que las presas de Nuevo León. En medio de eso, México se hizo de su primera presidenta con “P”, Claudia Shame-baum, quien mucho cacareó gobernar con ciencia… pos será ficción.
El país vota por “el menos peor” desde 1917. Ahora los bots deciden, los influencers se la inflan y los ciudadanos se conforman. Hubo debates, sí, pero cuando hay pa’ carne es vigilia y fueron tan inútiles como esta vida sin Gustavo Cerati. Elecciones que han podido ser un mail, pero que se imprimieron en boletas manoseadas por la historia.
2025, abrió pista el “trompetas” Trump, de vuelta en la Casa Blanca más sangrón que cadenero del Classico en Acapulco, entre aranceles y deportación de paisanos. Claudia Sheinbrador, muy creativa, respondió con la “Tarjeta del Bienestar Paisano”: 2 mil pesos (lo justo para un Vikingo del Oxxo y un boleto de camión con garantía de descomponerse antes de la mitad del viaje) y acceso al IMSS, como si sirviera… (aplica para la presidentA y el IMSS). Mientras tanto, las madres buscadoras siguieron encontrando fosas clandestinas a punta de pala y coraje. Y por si le encanta el pedo y el olor a caca, estimado bajavionense, llegó la “Lotería Judicial”: un Melate con bolas calientes, ejemplos de boletas marcadas pegadas en parabrisas de autos y calles de la Ciudad de México, Fernández Noroña como maestro de ceremonias y un expresidente reaparecido, “ya sabe quién”, con su “acordeón del Bienestar” para votar. Ah, y justo ahora, mientras usted lee, la libertad de expresión está siendo tratada como cucaracha en casa ajena: con chancla legislativa.

Con todo y todo, sobrevivimos y llegamos a la 50ª columna, estimado lector. Usted leyéndome, yo escribiendo, el país tambaleando y el mundo preguntándose pa’ cuándo la temporada final. Y es que si algo aprendimos desde 2017 es que la historia no se repite: hace remix… y México siempre la baila con cumbia.
Por cada bitácora de prisionera, cada columna escrita a la sombra del miedo, pero con la luz del sarcasmo, la ironía y la sátira, por cada lector que entendió el chiste y por cada político que dijo “no fue pedo, pero qué gacho olió”: gracias. No es fácil reírse mientras se cae el país, pero lo hicimos. Porque aquí juzgamos y no escuchamos. Y el que se sube, se pasea.
¿Y sabe qué? Volvería a escribirlo todo.
Nos vemos en la 51. Espero.
Bitácora de una prisionera
México sigue siendo el mismo: risueño en su tragedia, creativo en su miseria, ingenioso en su decadencia. Hemos llorado de risa y reído de coraje. Y aquí seguimos. Porque si hay más allá… ¿habrá menos aquí?