Aprende a ser dueño

Aprende a ser dueño

Si bien ser dueño o empleado de una organización denota grandes diferencias, la confusión entre propiedad y dirección es más común y peligrosa de lo que parece.

Muchos emprenden con la ilusión de “ser su propio jefe”, hacer las cosas “a su manera” y tomar las decisiones más importantes en la empresa, pero, con el paso del tiempo, descubren que se han convertido en el principal empleado y muchas veces el peor pagado de su organización. En etapas tempranas es comprensible que esto suceda, que te conviertas en ese “todólogo profesional” pero si esta lógica se mantiene, no se delega o incluso hay esa idea de que “nadie lo hará como yo”, se irán creando lastres que frenan la madurez de la organización pudiendo traer consecuencias profundas para el crecimiento y rentabilidad de la empresa, e incluso para tu bienestar personal.

Si bien el ser dueño y director pueden considerarse los niveles más altos de decisión y responsabilidades de una empresa, y es común que, quien funda la empresa también la dirija, es importante resaltar que ambos son roles muy diferentes y requieren una mentalidad y habilidades completamente distintas.

Cuando una persona decide emplearse, lo hace buscando obtener un salario (usualmente fijo) a cambio de desempeñar una serie de actividades necesarias para la empresa, cuando el puesto es el de director o directora de la empresa, más que actividades operativas, requiere una serie de habilidades que le permitan liderar y coordinar al equipo, gestionar los recursos y tomar una serie de decisiones estratégicas en la organización; en pocas palabras, es quien gestiona y lidera la empresa día a día actuando como el responsable del desempeño total de esta.

Por otra parte, el dueño o dueña es quien posee legalmente la empresa, lo que implica derechos y benéficos económicos y jurídicos sobre la misma. Esto significa que su función principal no es la operación diaria de la empresa, su función principal es buscar los recursos para que la empresa crezca e incremente su valor en el tiempo. Puede participar en decisiones estratégicas de la empresa, decide sobre el patrimonio, tiene voz y voto en decisiones clave, y por supuesto derecho a utilidades, pero no necesariamente tiene que trabajar en ella.

Es decir, el dueño se enfoca en la inversión y el valor de la empresa en el largo plazo, mientras que el director se enfoca en la ejecución y el rendimiento diario. De manera aún más simple, el propietario tiene la empresa y el director la hace funcionar.

Cuando el dueño se convierte en el director es muy fácil que se deje llevar por la operación y olvide la estrategia, el valor patrimonial y el crecimiento, es decir, que deje lo importante por lo urgente poniendo en riesgo a la empresa en el largo plazo. Por esto, a continuación, te comparto algunas recomendaciones para que no olvides tu rol como dueño o dueña de tu empresa.

  1. Separa la propiedad de la operación, debes aprender a reconocer que ser propietario no significa tener que dirigir, aún si eres un gran estratega, piensa que es posible que alguien más pueda ejecutar el día a día de tu organización.
  2. Mantén la visión patrimonial: piensa más allá de la quincena o el mes, piensa en lo que quieres construir y el legado que quieres dejar. La visión de un buen dueño debe proyectarse al menos 5 años en el futuro y pensar lo que en ese tiempo será y valdrá la empresa.
  3. Piensa en sistemas y estructuras. Más allá de pensar en las actividades a realizar, ten una visión sistémica de procesos y personas. Buscando construir una estructura y un equipo que funcione sin que tengas que estar presente en todo momento.
  4. Ten claro tu rol estratégico. Ocúpate de las grandes decisiones de la organización: alianzas, reinversión, expansión, innovación. Tu rol es observar el tablero completo y mover las fichas, no convertirte en la ficha.
  5. Aprende a delegar. Ten presente que delegar no es abandonar, es empoderar a tu equipo. Un buen dueño sabe que eventualmente deberá salir del negocio, por lo que implementar prácticas de gobierno corporativo y establecer reglas claras y mecanismos de evaluación de desempeño ayudará a tomar mejores decisiones, convirtiendo esto en un signo de inteligencia y no de renuncia.

Recuerda que cuando el rol de propiedad está claro y se ejerce con madurez, se construyen empresas más resilientes, escalables y rentables. Así que, si fundaste una empresa, no olvides por qué lo hiciste, retoma ese sueño de libertad, de crecimiento y de legado. Toma tu rol de dueño o dueña y deja de vivir en la operación para construir desde la estrategia. ¡Mucho éxito!

Carlos Dotor Cacho

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