
Belleza y Autocuidado en la Madurez: Cómo la Medicina Antiaging Consolida la Independencia del Ser Viejo
En lo personal es un orgullo poder volver a escribir en esta edición de aniversario.
A lo largo de mi carrera cómo especialista en medicina estética he podido ver como la percepción de la edad es muy importante para muchos de mis pacientes. No solo se trata de cuántos años tengan en la realidad cronológica, sino de cómo lucen físicamente en sus distintas etapas de la vida, pero sobre todo en cómo se sienten física, emocional y espiritualmente.
Ya no se trata solo de «luchar contra la edad», sino de envejecer con calidad, vitalidad independencia, y propósito, lo que en última instancia se traduce en una verdadera estrategia para la productividad laboral, pero sobre todo para el bienestar personal.
Hasta hace poco se entendía a la vejez como sinónimo de una variedad de calificativos negativos entre los que se encuentran la fragilidad, la dependencia y la soledad. Sin embargo, en los últimos años se está hablando de la vejez como una continuación madura de nuevas experiencias y oportunidades. Tanto es así que incluso hay quienes ahora hablan de una nueva longevidad, relacionando el autocuidado con los avances científicos disponibles para lograr una vejez más saludable. Por otra parte, en el campo de las ciencias distintas disciplinas se relacionan cada vez más entre ellas para crear nuevas áreas de conocimiento para el cuidado de la salud y el wellness.

En el artículo del año 2020 “Recent Advances in Anti‑Aging Medicine” los autores Da‑Hye Son, Woo‑Jin Park, definieron a la medicina antiaging (también llamada medicina de la longevidad o medicina antienvejecimiento,) como aquellas “medidas que se toman para ralentizar, detener o incluso revertir los fenómenos relacionados con el envejecimiento, así como para aumentar la esperanza de vida.”
Podemos ver entonces, que se trata de un enfoque médico preventivo e integrativo que se centra no solo en retrasar la aparición de las enfermedades crónicas asociadas a la edad, sino en optimizar la función física, cognitiva y emocional a lo largo de la vida con la intención no nada más de prolongar la vida, sino de incrementar el período de vida saludable.
Cada vez es más frecuente que las personas inicien tratamientos desde los 30 años con la finalidad no solo de mejorar su apariencia física sino de construir una base más saludable para su vejez. Por ejemplo, el uso de toxina botulínica y los tratamientos con ácido hialurónico y de bioestimulación, son alternativas que además de ser mínimamente invasivos, y de realzar la belleza externa, deben acompañarse de la adopción de estilos de vida saludables como una dieta acorde al tipo de persona, el control de peso, la activación física y una buena calidad de sueño.
En la madurez y sobre todo en la nueva longevidad, la independencia y la fortaleza se logran a través de la edificación de cimientos entre los cuales encontramos la salud física (donde el equilibrio hormonal, metabólico y sistémico juegan un rol esencial) la salud mental (con una adecuada gestión de emociones, y con la construcción de vínculos sociales armoniosos) y la espiritualidad (como un sostén para la búsqueda de sentido y trascendencia).

Las personas que desde jóvenes ven en el cuidado de la salud y en los programas antiaging personalizados una inversión, pero sobre todo una valiosa herramienta preventiva no solo reporta más vitalidad, energía y una mejor apariencia física, sino que a futuro están sentando los cimientos para una vejez con mayor calidad de vida, salud, independencia y dignidad.
Dra. Mariana Serrano
Nouvelle Dermaestética – Hospital Starmédica Querétaro
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La autora es especialista certificada en Dermatoestética y Medicina Antiaging, con más de 15 años de experiencia en tratamientos regenerativos y antienvejecimiento.