
¿Por qué tantas personas tienen dificultad para reconocer, nombrar y describir sus emociones?
En la consulta diaria observamos un hecho que, aunque poco medido en nuestro país no deja de ser una triste realidad. Nos referimos a la alexitimia. Para la psiquiatría dicho término se describe literalmente como la ausencia de palabras para las emociones. No se trata de que las personas no tengan emociones, sino a la dificultad para identificar, diferenciar, expresar y verbalizar los estados afectivos internos. Este analfabetismo emocional se relaciona con diversos factores y se presenta en distintos grados entre los cuales se encuentran factores socioculturales, educativos y neurobiológicos
A nivel neurobiológico la alexitimia se presenta como un déficit en la interconexión entre algunas estructuras cerebrales como la corteza prefrontal y sistema límbico(amígdala e ínsula). En otros casos no es más que la expresión de un trauma infantil o represión emocional como estrategia de defensa
En América Latina con mucha frecuencia observamos determinantes culturales que inhiben la expresión de los sentimientos desde la niñez: por ejemplo, cuando se les enseña a los varones a “aguantarse” y a las mujeres a “no enojarse”. Además, en ambientes donde predomina la pobreza, la desigualdad social, el machismo y sobre todo en contextos de sobrevivencia, las personas suelen aprender a desconectarse de lo emocional como un mecanismo adaptativo de defensa, porque bajo esas circunstancias suele percibirse que “sentir” bien puede poner en riesgo a la persona o puede ser una muestra de debilidad.
Por otra parte, solemos encontrar individuos provenientes de familias donde la falta de comunicación y la presencia de una educación emocional precaria desde la infancia con estilos parentales centrados en la obediencia y el rendimiento más que en el juicio crítico y la introspección.
De manera casi complementaria predomina en muchas personas un lenguaje verbal y emocional limitado, en cuyo establecido repertorio se usan apenas unas cuantas expresiones como “me agüité” “me siento mal” o “tengo algo” sin poder ser más precisos en la descripción de la vivencia, ya sea cuando se les cuestiona o cuando por alguna razón se ven en la necesidad de expresarlas.
Este pobre ejercicio no hace más que reducir el repertorio semántico de los sujetos y con ello poco a poco, avasallar la conciencia emocional tanto a nivel individual como colectiva

Por otra parte, dentro de la estructura del sistema educativo y laboral, se valora sobre todo el conocimiento, lógico, técnico y la memorización, siendo casi nula la alfabetización emocional, lo que conduce a que a muchas personas les resulte complejo el reconocimiento de matices (por ejemplo los que existen entre la tristeza, la ira, la frustración o la vergüenza).
La presencia de factores de riesgo contemporáneos (p. ej., uso problemático de internet o el desplazamiento de lo social hacia lo digital) pueden aumentar la dificultad para identificar emociones en ciertos grupos.
No podemos afirmarque hoy haya másalexitimia en México; sin embargo, sí hay más conciencia y detección de la mima.
Si queremos tener una sociedad con mejor salud mental e individuos más capaces de expresar sus sentimientos y de resolver conflictos interpersonales es necesario priorizar la higiene digital, la psicoeducación, el favorecimiento de la conexión guiada con las sensaciones internas y la adquisición de un vocabulario emocional más rico y robusto.

Juan Pablo Núñez Martínez
Psiquiatría y Salud Mental
Hospital Starmedica Querétaro
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