
Xochimilco, un barrio de tejedores.
Entre los hilos de la tradición y la modernidad
La mención más antigua que se conoce sobre Xochimilco data del año 1531, según refiere el historiador Sebastián van Doesburg. Se trata de un contrato celebrado entre un grupo de gobernantes nahuas y Juan Peláez de Berrio (primer alcalde de Antequera, hoy Oaxaca) para labrar una piedra de molino. A pesar de la escasez de fuentes escritas, se considera que el tejido histórico de este antiguo pueblo originario supera los quinientos años.
Actualmente, Xochimilco es un barrio urbano de la ciudad de Oaxaca, estatus que adquirió el 19 de mayo de 1926. Sin embargo, hace un siglo era un municipio del estado construido sobre las bases institucionales de la Colonia española. Durante la época colonial surgió la organización gremial que le dio una identidad propia centrada en su santo patrón, Santo Tomás Apóstol, así como sus instituciones, actividades agrícolas y oficios artesanales.
A pesar de que el crecimiento urbano ha ido desapareciendo gran parte de estas condiciones, el barrio conserva su carácter de pueblo originario —como señalan los investigadores Olga Montes y Néstor Montes—, expresado en la vida cotidiana, las fiestas, las costumbres, las tradiciones y la artesanía textil. El paso de municipio a barrio no eliminó su identidad cultural; los artesanos textiles, aunque hoy son pocos, continúan con la profesionalización calificada y la organización comunitaria, manteniendo vivo el linaje ligado a Santo Tomás.
Respecto a su estructura antigua, el ingeniero Bustamante Vasconcelos registraba en 1989 que el poblado se conformaba por cuatro oficios principales:
- Campesinos: Encargados del trabajo agrícola.
- Tejedores: Antiguamente de rebozos y posteriormente de manteles y colchas, cuyas ordenanzas del siglo XVIII respaldan la calidad de sus productos.
- Artesanos de la construcción: Productores de adobe, ladrillo y teja.
- Hojalateros: Oficio artesanal que continúa dando prestigio al barrio.
El sonido del telar, 1940-1990
El oficio de los manteleros, como son más conocidos los artesanos textiles de Xochimilco, persiste a través de los siglos. La familia más antigua, en este momento, es la de los Leyva, cuyo legado se remonta a cuatro generaciones, partiendo desde los albores del siglo XIX. Por ahí todavía se puede visitar a Don Chepe, que cuenta con 97 años y tiene su taller en la calle Bolaños Cacho, casi esquina con José López Alavez.
El oficio se ha transmitido de generación en generación, mediante talleres familiares, de padres a hijos principalmente, aunque también involucra a otros miembros de la familia como los tíos y los primos y, a los aprendices, éstos últimos son personas contratadas para aprender el oficio. En los talleres hay una división del trabajo que permite planear y realizar cada una de las etapas del proceso de producción como son: el teñido, el urdido, el embobinado o canilla; tejido, fleco y costura o terminada de prenda.

Cuentan los vecinos del barrio, que entre los años cuarenta y hasta inicios de los noventa, existían aproximadamente 40 talleres. Por esos tiempos, concretamente, a mediados de siglo, Manuel Orozco, otro maestro tejedor reconocido, fue a radicar a la ciudad de Puebla, donde trabajó en diferentes fábricas textiles; conocimientos que trajo consigo a su regreso al barrio para compartirlo con otros artesanos. Se le conoce por la introducción de técnicas de teñido en caliente y frio; pero, también, por la apertura al mercado de hilos de Puebla, que él compraba en tiendas como Hilaturas perfectas, el Mundo y Pegaso, y que distribuía entre los diferentes talleres familiares de Xochimilco.
El telar que se usa actualmente ha resistido el paso de los años; y aunque ya no es el mismo del siglo XVIII, de brazo y de 30 centímetros que se usaba principalmente para tejer ceñidores, fajos y refajos; las características son similares. Se trata de un telar de madera, de cuatro tablas, con lanzadera, chicote y pitón de toro. La demanda más reciente de manteles y colchas en el periodo del Mexico independiente, introdujo la necesidad de hacerlos más grandes. Actualmente, sus magnitudes van desde un metro hasta 3.20 metros de ancho.
El último auge de producción del barrio ocurrió en el periodo ya mencionado, empezó a crecer al mercado, ya no solo se vendía a menudeo, sino también en mayoreo a los hoteles de la ciudad de Oaxaca y otras ciudades del República como Monterrey, Guadalajara, CDMX y Tijuana que demandaban colchas, servilletas, manteles, cortinas, cojines y campos de mesa.
Es la época en que el turismo empieza a ser determinante para la comercialización y los manteleros entregaban sus productos, también, en expendios artesanales del centro histórico de Oaxaca y en zonas arqueológicas como Mitla y Monte Albán. Por cierto, una de estas tiendas de artesanías, ubicadas en el centro histórico, la tienda “Yalalag”, fue propiedad del matrimonio formado por Enrique de La Lanza e Isela Acosta Ramos, quienes llegaron a vivir al barrio de Xochimilco en los años sesenta.
Lo anterior significó crecimiento económico, empleo y atracción turística hacia el barrio; pero también desarrollo de servicios públicos y la aparición de escuelas y clínicas, al organizarse las vecinas y los vecinos en la ruta de la urbanización de la localidad. La prosperidad emanada de los telares encarnó en la construcción de buenas viviendas y en la educación superior de los hijos de los artesanos, muchos de los cuales ya no siguieron el oficio de sus padres al dedicarse a us respectivas profesiones.
En una actividad dominada, tradicionalmente, por hombres, cabe mencionar que las primeras mujeres al frente de un taller fueron las hermanas Victoria y Guadalupe Orozco Torres; la primera apoyando a su padre; Manuel Orozco, cuando aún vivían ambos. La segunda, tomando el liderazgo del taller Textiles Orozco a la muerte de Don Manuel. Lupita Orozco, como es más conocida, tiene alrededor de 50 años como artesana textil y es una importante impulsora del oficio. Su voz es la voz femenina de los telares.

Una voz que se niega a apagarse
Xochimilco, es ante todo, un barrio textilero; lo sonidos de ayer ya no son lo mismos, no lo son en cantidad, aunque si en identidad. Antes había telares en muchas casas, “en cada esquina”, como recuerdan algunos vecinos. Todo empezó a cambiar en los años noventa.
El primer golpe que sufrió esta actividad económica del barrio fue en 1994, con la devaluación del peso mexicano; las comercializadoras de materia prima en Puebla de las que dependían los artesanos de Xochimilco, encarecieron sus productos o no pudieron mantenerse y cerraron. Esta elevación de los costos repercutió en los talleres locales y mucho terminaron cerrando también; los aprendices se quedaron sin fuente de trabajo y migraron a los pueblos circunvecinos. En este periodo, solo sobreviven alrededor de 15 talleres, entre ellos, los de Don Chepe, Don Quique, Doña Tayde, el de don Juanito, el taller de los Jiménez, los Orozco y los León.
Otras factores que han influido en el apagón del sonido de los telares del barrio, han sido las importaciones chinas, el movimiento social oaxaqueño de 2006 y la pandemia de la segunda década del siglo XX. Estos dos últimos han sido especialmente terribles, porque han implicado el cierre de negocios y la cancelación de muchas actividades relacionadas con la industria textil. El 2006, hizo que los artesanos buscaran alternativas de comercialización en ferias nacionales, lo que implicaba gastos de transporte, stands, alimentación y hospedaje. La pandemia, por su parte, paralizó completamente a la industria local, además que significó la muerte de algunos maestros artesanos y con ello de la sabiduría local.
Actualmente solo quedan 5 talleres en el barrio, el de Don José Leyva, Textiles Orozco, Textiles Cube, de Daniel Cruz, el taller de Juan Carlos Leyva Ramos y Casa León. Alfredo Orozco Hernández, hijo de Lupita Orozco, ya no vive en el barrio, sino en Santa Maria del Tule, un municipio cercano, paro mantiene contacto con los demás artesanos en diferentes proyectos que están realizando en conjunto. Ejemplos de estos son el proyecto de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO); “comunidades por el patrimonio”, enfocado en los inventarios de patrimonio cultural comunitario, para integrar las expresiones culturales en el desarrollo urbano y el turismo sostenible. Y este es el caso de la artesanía textil del barrio de Xochimilco.
Otros proyectos que están en preparación actualmente por los tejedores de Xochimilco son: la marca colectiva Xochimilco, el proyecto de la Escuela de Artes y Oficios y la semana cultural (festividad del santo patrón), que busca reactivar la imagen histórica del barrio como semillero de artesanas y artesanos.
Marco Carballido
