Bajavión: No memes

Roble Limón escribió la publicación BAJAVIÓN

Apreciable lector, ya para estas alturas usted debe haberse dado color de que no soy escritora ni analista política, mucho menos artista o cantante. Y muy a mi pesar, porque de haber sido estrella de rock me hubiera gustado entrar al Club de los 27 para estar en el cielo cotorreando con el Brian Jones, mi Janis Joplin de oro y con Jim Morrison. Ahoritalo importante es que tenemos salud, juventud y que eso me da para ganarme la vida honradamente. Ah caray; se cancela la salud. Achingá. Cancéleme también lo de juventud.

Pues ‘ora sí que con pena y todo, pásele, póngase cómodo. Nomás le encargo que cierre los ojitos y disculpe el desmadre. Emocional. Le cuento. Hace un par de semanas tuve cita con el dentista. La sala de espera estaba llena de personas, pero, aun y cuando suelo tener muy buena memoria, si ahorita me reencuentro con alguna de ellas me sería imposible recordar que coincidimos en aquella ocasión, pues no alcancé a divisar ningún rostro ya que los pacientes tenían la cara clavada en sus teléfonos inteligentes. Lo que me recuerda que pues sí, muy chido tu iPhone X, millennial, ¿pero de modales (y calzones) cómo andamos? “Buenos días”, dije. De perdido un “Tardes ya”, ¿o qué?

Para no hacerle el cuento largo, llegó mi turno. “Roble Limón, pase por favor”. Entro. Me recuesto. Comienza a revisarme una de las asistentes del odontólogo. Saca su celular. Me pide abrir la boca y empieza a hacer fotos. Escucho el sonido de las alertas de WhatsApp seguido del “click” de la cámara. Es cuando me asalta la duda. Si dejamos la salud en manos de las tan socorridas redes sociales o de páginas de internet de dudosa procedencia –como simeduelelacabezaseguroesuntumor.com–, ¿qué nos detiene para hacer lo mismo con la “democracia” y qué tanto influyen estas nuevas prácticas en
la manera en que se define el futuro de un país rumbo a las elecciones?

Indagando un poco, me encontré con que según el 13° Estudio sobre los Hábitos de los Internautas en México de la Asociación de Internet.mx (Mayo, 2017), en el País hay 70 millones de usuarios cibernéticos de los cuales el 60% considera que Internet los acerca a los procesos democráticos. Ay, ¿apoco “chí”? Ay “chí”, cómo no.

Si llevamos nuestra memoria al pasado, recordaremos que fue en las elecciones presidenciales del 2012 cuando se puso de manifiesto todo lo que conlleva un mal paso expuesto en una red social, como el constante reproche por “ler” un discurso de un teleprompter o la indignación contra un presidente que dijo desconocer el precio de las tortillas por aquello de que “no soy la señora de la casa”. También se dio el nacimiento del movimiento #YoSoy132 demostrando que Internet da para más que para reproducir videos de ratas, que ni son ratas, bañándose; el poder de organización fue indudable. Digamos que lo que se garantizó –aunque muy a huevo– fue la libertad de expresión y el abundante flujo de la información que sirvió como contrapeso a los datos difundidos en los medios.

Ahora bien, hay varios factores cibernéticos que ayudan a generar el triunfo o propician el hundimiento de algún aspirante a la señora silla, siendo los más conocidos y probablemente los de mayor peso los bots o trolls y las fake news.

Para contextualizar, los bots son un programa informático que se hace pasar por un humano. No pos ‘tá cabrón, ¿verdad? Obvio, en la vida real son menos tiernos que R2D2
y, por supuesto, mucho menos buena onda. El caso es que son un sinfín las tareas ejecutadas por estos “estimades”, siempre con la misión de generar debate, inflar las cifras de aceptación de tal o cual candidato e incluso de desviar la atención de, por ejemplo, un gasolinazo con un hashtag del tipo de #SaqueaUnWalmart.

Esto, a su vez, fomentan las fake news que circulan en redes y cuya información es aprovechada por los medios de los partidos políticos para desacreditar a sus adversarios. O sea que entre tantito que se empina uno, y tantito que los otros están viendo nomás qué ven, es de esperarse que la información no verificada vaya migrando de muro en muro; es como si nuestras vísceras –no nuestro cerebro– fueran las Community Manager de nuestras redes sociales y por tal compartimos únicamente contenidos que apelan a las
emociones. Post verdad, que le llaman.

Es evidente que estas herramientas, sobretodo en épocas de pizca (de votos), son tremendamente manipuladas por los políticos, pero claramente nos han empujado a
involucrarnos más en los procesos electorales locales y nacionales propiciando un sano (lo digo por la risa que provocan los memes, la risa y el Sol también sanan) ejercicio de la democracia. Decía el escritor francés Denis Diderot que “engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga”. Pues la verdad es para todos y ahí está, es cuestión de saber encontrarla.

¿“Sevanaser o no se vanaser” temas como economía, matrimonio igualitario y salud?
Después de mucho bla, bla, bla, me permito reformular la pregunta que probablemente le ha estado taladrando la cabeza desde que comenzó el año: ¿Ya se decidió por cuál familia va a mantener durante los próximos seis años? Y es que pues póngale usted que mucho internet, mucho espectacular casi casi con el “#HashtagCampaña”, harrrrrta pared pintada con el nombre de los candidatos, pero ¿y las propuestas? Será que como mucha sal y eso me ha dañado el desarrollo cognitivo –pendeja, pues— que a mí
nomás no me quedan claras.

A casi dos meses de precampañas hemos visto a Ricardo Anaya en su versión de standupero, a José Antonio Meade invitar a sus adversarios a la unidad desde el asiento en clase turista de un avión y a Andrés Manuel López Obrador siendo acusado de tener nexos con Rusia. Pero neta, ¿a quién le importa a qué hora se levanta el “Joven Maravilla” panista a llevar a su hijo a la escuela, la lista del supermercado de Mid o en qué estética de barrio le tuzan los pelos a AMLOvsky? De Jaime Rodríguez “El Bronco” y
Margarita Zavala “La esposa del expresidente” mejor ni hablamos, porque si ni con los que se debería ver claro traen con queso las de harina, éstos que están dando patadas de ahogado para lograr que su nombre aparezca en la boleta pos menos.

Lo que los presidenciales consideran como sus mejores cartas rumbo a las elecciones del 1 de julio se han visto –Narrador: La neta es que ni se han visto—opacadas por varios escándalos: para el PRI y el PAN está el presunto desvío de recursos en Chihuahua y Sonora, respectivamente; para Morena los novedosos miembros de su equipo, como Fernando González Sánchez, yerno de Elba Esther Gordillo, la senadora panista Gabriela Cuevas y hasta, no me haga mucho caso, Rusia y Venezuela; “la esposa del expresidente” se fue de boca por evitar filmar un video con una familia gay y “El Bronco” dio de qué
hablar por supuestas anomalías, detectadas por el INE, para recabar sus firmas.

Al menos reflectores todos tuvieron. El tiempo avanza y las intenciones de presentar propuestas puntuales no se asoman, aunque el eje central ha sido la seguridad con uno ofreciendo amnistía para los delincuentes, otros con policías mejor pagados e instituciones confiables y otro hablando de mantener al Ejército en la calle. En temas
económicos AMLO se pone guapetón prometiendo un salario para ninis –ésta como que me anda queriendo llamar la atención—, PRI y PAN tocan el tema de apoyos sociales y aumento salarial gradual, respectivamente, y Margarita y Jaime prometen darle por el lado de los impuestos. Hazmeelchingadofavor.com. Por eso, está muy chido y todo, pero ¿cómo?

Muy atropellado ha sido el panorama electoral de este año. El reto para Meade Kuribeña y Zavala será deslindarse de sus maridos respaldos políticos (PRI y PAN, específicamente Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón), Anaya deberá proyectar una imagen más segura y no la de un juniorsete chipil y caguengue, y para Rodríguez y López Obrador sería bueno que ampliaran su visión y dejaran de lado las propuestas inverosímiles, propongo. Y aunque esto apenas empieza, al menos una certeza sí tenemos: se va a poner peor. Y es cuándo yo me pregunto, ¿qué motivó a mis abuelos a migrar de Líbano a México? Mejor se hubieran ido a Canadá, de perdido tendríamos un presidente guapo que usa calcetines de Star Wars.

Bitácora de una prisionera
Los recuerdos llegan a mí cual parvada de pájaros a un árbol del bosque. A los seis años quería ser maestra y a los ocho años cajera de alguna tienda de autoservicio. Ya para mis doce años estaba entre dentista y abogada. Tenía por ahí de quince primaveras cuando mi sueño dorado era ser vocalista de alguna banda de punk rock y tocar en festivales de música por todo el mundo. Tuve una crisis existencial a los 17 años, para ese entonces lo único que quería era estar fumando encerrada en mi cuarto. A los 21 años como que quise agarrar la onda y me puse a estudiar impulsada por el sueño de convertirme en CEO de mi propia agencia de publicidad, básicamente pa’ no tener que andar viendo caras. Llegaron mis 27 años y con ellos la tristeza de saber que la libré de entrar al club. Hoy, a los 28 años, digo que pues Dios proveerá.

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