CUANDO EL MUNDO SE PARA, EL PLANETA RESPIRA.

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CUANDO EL MUNDO SE PARA, EL PLANETA RESPIRA. ¿Será éste un respiro temporal?

Por: Morita Salas

El coronavirus hizo que la Tierra descansara de nosotros, la naturaleza esta teniendo el respiro que tanto necesitaba y sólo un virus logró que el arrasador ritmo de la humanidad parara. Ahora muchos nos preguntamos si la actual crisis de salud puede transformarse en una oportunidad para un mundo más sostenible.

En los últimos 100 años distintas crisis han significado una disminución de las emisiones de CO2 derivadas del uso del petróleo, gas y carbón. Así ocurrió durante la epidemia de gripe española, la Gran Depresión y el fin de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo

la caída más fuerte la ha causado el coronavirus en pocos meses.

Este virus obligó a imponer cuarentenas en todo el mundo. Las ciudades que nunca duermen ahora lucen desoladas, sin gente en las calles y sin gente produciendo, algo asombroso sucedió: Hay menos aviones en los cielos y menos autos en las carreteras, el consumo de energía ha bajado, la NASA ha detectado desde el espacio la disminución de gases contaminantes en la atmósfera, los sismólogos han notado que el planeta incluso está vibrando menos, en las redes sociales circulan imágenes de aguas que se ven más cristalinas y hemos visto videos de cómo ante la falta del ser humano en las calles, diversos animales deambulan en algunas ciudades, como si regresaran a los territorios que anteriormente les pertenecían, recordándonos la capacidad de adaptación y resiliencia de los ecosistemas, pero también concientizándonos del daño que hemos generado a la naturaleza. Por eso podemos tomar lo que nos está pasando como una enseñanza para pensar y recalcular cómo estamos viviendo, produciendo, consumiendo y cómo nos estamos relacionando con el ambiente para buscar el cambio de paradigma y lograr que estas situaciones no se repitan.

La pandemia por el Covid-19 sin duda ha dado mucho para reflexionar, no sólo por su impacto en los sistemas de salud a nivel global y la vida de miles de personas que lo han padecido, o que lamentablemente han fallecido, sino también en hacer conciencia de que la contaminación causa la muerte de 7 millones de personas al año (según la OMS), y que reducirla salvaría muchas vidas. Esta crisis es una oportunidad para que reflexionemos sobre el tema, pues cuando todo vuelva a la normalidad, la contaminación seguirá haciendo daño.

El ‘frenazo’ al que las industrias gigantes como China se han visto obligadas a seguir como consecuencia de la pandemia, la reducción en el número y frecuencia de vuelos entre muchos destinos en todo el mundo, o la suspensión de grandes concentraciones y eventos deportivos, sociales y culturales, así como las precauciones a las que se están sometiendo los ciudadanos en sus movimientos particulares, está trayendo como consecuencia una clara bajada en el nivel de emisiones de gases contaminantes.

Cabe destacar que si bien el cese de ciertas actividades humanas disminuyó la contaminación, se trata de un efecto a corto plazo, pero que puede considerarse como un impulso para modificar hábitos en el futuro. El cambio climático puede provocar consecuencias igual de drásticas (o peores) que las que causa el coronavirus.

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Entre los sucesos más inesperados que se han registrado en medio de esta pandemia son:

  • En la India se puede ver el Himalaya por primera vez en 30 años gracias a los bajos niveles de contaminación durante la pandemia.
  • En Italia, los canales de Venecia recuperaron su belleza, lucen completamente limpios, pues con menos góndolas circulando los sedimentos volvieron al fondo, haciendo más cristalina el agua.
  • El aire de Nueva York también está más limpio registrando caídas hasta de un 30% de monóxido de carbono desde el mes de marzo.
  • Se reportó una caída del 36% en el consumo de carbón entre febrero y marzo.
  • El uso doméstico de energía muestra un aumento del 6% al 8%, pero el uso comercial cae un 30%.

Aunque el alivio sea momentáneo y no resuelva, de fondo, la crisis climática actual, lo cierto es que la pandemia está trayendo buenas noticias al medio ambiente.

“Ninguna guerra, ninguna recesión, ninguna otra pandemia, ha tenido un impacto tan dramático en las emisiones de CO2 durante el último siglo como el que ha logrado el Covid-19 en pocos meses”, escribió recientemente Matt McGrath, corresponsal de medio ambiente de la BBC.

Por otro lado, la prohibición temporal del comercio de fauna silvestre impuesta por China para combatir el coronavirus se ha convertido en la tabla de salvación para muchos animales amenazados, en vista de que ese país por tradición tiene gusto por los productos con base en especies consideradas exóticas.

Por eso en esa nación se pueden encontrar desde sopas hechas con murciélago, testículos de tigre o partes del cuerpo de la civeta de palma, hasta cobra frita y la pata de oso estofada. Y es que según la idiosincrasia china este tipo de alimentos son considerados un privilegio, manjares. Otros los consumen como medicina tradicional sin importar el grado de vulnerabilidad en el que se encuentren en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y si pueden o no representar un riesgo para la salud pública.

Se estima que más del 70% de las infecciones emergentes en humanos provienen de animales, particularmente de animales salvajes. “Estamos entrando en contacto con especies de vida silvestre y sus hábitats con los que no estábamos antes. Por lo tanto, tenemos una serie de nuevas enfermedades vinculadas a nuevos contactos entre virus, bacterias y parásitos humanos y previamente desconocidos”, dijo a la BBC Ben Embarek, del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El tráfico ilegal de fauna silvestre mueve alrededor de 20.000 millones de dólares al año y es el cuarto comercio ilegal más grande después de las drogas, el contrabando de personas y falsificación.

Frente a este panorama, la iniciativa de ley para prohibir tanto el consumo como el tráfico de animales salvajes que cursa en el Comité del Parlamento chino, podría constituirse en una bendición.

¿Será utópico pensar que así como se encontraron respuestas colectivas para luchar contra este virus, así también se pueda luchar en un futuro cercano para preservar nuestro medio ambiente?

“Cualquier impacto ambiental positivo que surja de esta aborrecible pandemia debe ser un cambio en nuestros hábitos de producción y consumo hacia un ambiente más limpio y ecológico”, dice Andersen de la ONU.

En algunos países ya se han comenzado a ver iniciativas en favor del ambiente impulsadas por la pandemia.

En París, por ejemplo, se están habilitando 650 km de “ciclovías corona”. En Milán se anunció un ambicioso plan para reducir el uso de autos y priorizar a peatones y ciclistas, como respuesta a la crisis causada por el virus. La crisis del petróleo también podría impulsar cambios.

Sin embargo, se teme que las medidas que adoptarán posteriormente tanto las autoridades como el propio sector empresarial para estimular la economía, así como el regreso de los trabajadores a las fábricas, volverá a hacer aumentar las emisiones contaminantes por encima de los promedios históricos para conseguir la recuperación financiera y surja el efecto rebote.

Ya el tiempo dirá, si una vez que esta terrible situación haya pasado, podemos quedarnos como humanidad con aquellos cambios positivos en lo social y en lo ambiental, y si estas lecciones aprendidas detonan la transformación real de los modelos operativos de las organizaciones y nuestros estilos de vida, orientándolos hacia el desarrollo sostenible.

“No hay una cura mágica para el cambio climático”, sabemos que esto es temporal y esperamos que esta crisis de salud nos sirva como una llamada de atención y esta crisis mundial genere una mayor conciencia social frente al cuidado del planeta y el uso racional de los recursos naturales.

Nuestro planeta es hermoso pero también extremadamente frágil y creo que ahora hay mucha gente que ve la contaminación causada por los seres humanos desde una perspectiva muy diferente. La clave de esto estaría en un posible cambio de comportamiento por parte de los consumidores, en China y a nivel mundial, ya sea como resultado del impacto económico de la crisis o de una mayor toma de conciencia.

Tenemos el poder de reescribir nuestra historia como sociedad, como individuos, ¿Será que después de esta pandemia al fin cambiemos nuestro estilo de vida?.

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