El secreto de las personas felices y productivas

TALENTO EMPRESARIAL 1912

Dr. Raúl Ernesto González Pinto, Consultor en Estrategias de Cambio organizacional y capital humano

 

“La felicidad no consiste en hacer siempre lo que

uno quiere, sino en siempre querer lo que uno hace.”

León Tolstoi

 

Tengo dos preguntas para ti. En la primera escogerás entre cuatro opciones: A) Puedo afirmar que las horas que me paso en el trabajo son de felicidad plena. B) No en todas, pero sí en al menos algunas de dichas horas me siento feliz. C) La felicidad es algo relativo, todo depende de lo que entendamos por “felicidad”. D) ¿Felicidad? ¿Trabajo? ¿Y qué demonios tienen en común una cosa y la otra? Segunda: Imagínate que un hada, al tocarte con su varita mágica, vuelve posible que tú seas admirado o admirada por todos los seres humanos del planeta, ¿sería esto suficiente para que fueses una persona feliz? Si escogiste las opciones A o B en la primera pregunta y respondiste que sí a la segunda, podríamos razonablemente decir que has fincado tu vida en los territorios de la felicidad.

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FELICIDAD Y PRODUCTIVIDAD

Si bien solemos asociar la felicidad con risueños actos de bondad y sueños sublimes, lo cierto es que ser felices nos vuelve más exitosos y productivos. De acuerdo con varias investigaciones, cuanto mayor sea la felicidad, más productiva se volverá la gente y recibirá mayores ingresos. Martin Seligman –considerado el padre de la psicología positiva– refiere un estudio en el que se midió el nivel de emocionalidad positiva en 272 empleados y luego se le dio seguimiento a su rendimiento a lo largo de 18 meses. Los resultados revelaron que los más felices fueron los mejores evaluados y los que recibieron los salarios más altos. “Cuando somos felices –apunta Seligman-, nos centramos menos en nosotros mismos, nos caen mejor los demás y deseamos compartir nuestra fortuna, incluso con desconocidos”.

En México, la Universidad Tec Milenio ha tomado la delantera en este sentido y está capacitando a ejecutivos y empleados en habilidades relacionadas con la felicidad, tales como la gratitud, el bienestar emocional, el optimismo y el desarrollo de las fortalezas personales. Para ello creó el Instituto de Ciencias de la Felicidad, a través del cual ofrece una maestría en liderazgo positivo. Al concluir el posgrado, el o la profesionista se encuentra preparado –de acuerdo con el sitio web del instituto– “para incrementar los niveles de bienestar y felicidad, tanto en las organizaciones para las que labora como en su comunidad”.

¿SE PUEDE COMPRAR LA FELICIDAD?

Lo primero que tendríamos que preguntarnos es qué debemos entender por felicidad, pues debido a su naturaleza inmaterial resulta bastante elusiva. Goethe, por ejemplo, argumentaba que la felicidad es una pelota que nos hace correr tras ella y que, cuando finalmente logra detenerse, en vez de recogerla la pateamos de nuevo. Otros afirman que la felicidad como tal no existe, solo los momentos felices. Yo, en lo personal,  me quedo con el punto de vista aristotélico, que estima que la felicidad no solo le da significado y propósito de la vida, sino que debería de ser el objetivo mismo de la existencia humana. Esto lo corrobora el Dalai Lama cuando establece que el propósito fundamental de nuestra vida es buscar la felicidad.

¿La felicidad se puede comprar? David Hawkins, director del Instituto para la Investigación Espiritual, responde que la felicidad no depende de acumular posesiones y riquezas, pues al igual que el amor, emana del corazón: “La alegría interior surge de cada momento de la existencia y no de fuentes externas”. Coinciden con él los economistas, cuyas investigaciones confirman que la felicidad no depende del dinero. Por ejemplo, en un estudio realizado en Holanda se le dio seguimiento a un grupo de personas que habían ganado la lotería y se les comparó con aquellos que habían quedado paralíticos de manera reciente. Un año después de observar a ambos grupos, se pudo comprobar que unos y otros eran similarmente felices. Tan sorpresivo hallazgo puede ser explicado por medio de una paradoja planteada por el economista Richard Easterlin: los habitantes de países con un mayor poder adquisitivo no necesariamente son más felices que quienes viven en países de menores ingresos, a menos –por supuesto– que estos últimos vivan en una situación de extrema marginación y pobreza.

De acuerdo con el argentino Martín Tetaz, autor del libro Lo que el dinero no puede pagar (2016), cuando adquirimos un boleto de lotería lo que en realidad compramos es el derecho a soñar lo que haríamos si nos la ganáramos, pues resulta más placentero anticipar un acontecimiento a futuro que la mera posesión de objetos materiales. En términos similares, el filósofo Michael Sander plantea que las cosas buenas de la vida se degradan si las convertimos en mercancías.

Yo he discutido ampliamente este tema con mis alumnos de la maestría de Administración en Alta Dirección. A una de ellas, María de la Luz García Frausto, debo el siguiente testimonio:

“Estamos pasando por una etapa de consumismo, en donde se nos valora por lo que tenemos y no por quienes somos (cuánto vales, cuánto tienes). Entre más tienes, más quieres y en ocasiones se te hace poco y quieres más y más. Nos volvemos tan banales y superficiales, que estamos perdiendo un tiempo que es muy valioso y que no se recuperará jamás. Por eso, desde hace tiempo, para mí es importante la calidad de tiempo que paso con mi familia, dándole importancia a los seres que llenan y complementan mi vida. Lo que en realidad nos hace felices son las experiencias. Las vivencias son duraderas, mientras que lo material es pasajero”.

Confirma lo anterior, Isaac Martínez Gómez, un ejecutivo de la industria automotriz, quien me compartió: “Platicando con mi esposa, nos hemos dado cuenta de que no somos más felices por el dinero en sí. Tenemos muy presente, por ejemplo, cuando tuvimos la primera comida familiar o cuando pintamos juntos la casa. Es tiempo de atesorar lo que realmente importa, lo que realmente vale; creo que esa es la felicidad”. La reflexión de Isaac me recuerda una reveladora frase de Borges: somos nuestros recuerdos. Para el bardo argentino la única cosa sin misterio era la felicidad, ya que se justifica por sí sola. Irónicamente, al final de su vida, hubo de reconocer: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer; no he sido feliz”.

LA FELICIDAD LE DA SENTIDO A LO QUE HACEMOS

Como hemos visto, es inevitable asociar la felicidad con los momentos de placer y alegría. Recordemos, sin embargo que, de acuerdo con la visión aristotélica, la felicidad nos permite también darle sentido a la vida. Si está llena de significado, lograremos el bienestar. Catherine Bailey y Adrian Madden, profesores de negocios británicos, estiman que quienes forman parte de una organización le conceden más peso a un trabajo que les resulte significativo que su salario, las compensaciones, las oportunidades de ascenso y las circunstancias laborales.

Pudieron confirmar dicha premisa en una investigación realizada en 2016, en la que entrevistaron a 135 empleados de varias ocupaciones para conocer la manera en que estos percibían su trabajo. Como resultado, identificaron cinco cualidades propias del trabajo significativo:

  • a) que sea trascendente
  • b) que sea retador
  • c) que se encuentre lleno de momentos especiales
  • d) que sea pleno en experiencias sobre las que vale la pena reflexionar
  • e) que contribuya a darle sentido a la persona que soy.

Descubrieron que a los entrevistados les resultaba importante sentir que su trabajo impactaba positivamente a otras personas y a su comunidad. Mencionan, por ejemplo, la satisfacción que le causaba a un profesor universitario ver a sus alumnos graduarse y constatar que él había tenido algo que ver con ello. Los empleados también asociaban el trabajo significativo con la posibilidad de enfrentar y superar retos:  las trabajadoras de la salud que atendían a enfermos terminales se sentían complacidas de haberlos acompañado en su ocaso de vida.

Los empleados recordaban con especial predilección los momentos especiales vividos durante la jornada laboral, que les habían dejado con una sensación de paz o de profunda alegría. Atesoraban también las experiencias que les habían dejado alguna enseñanza. Es el caso de una ejecutante de música, quien recordó la primera ocasión en la que su padre fue a uno de sus conciertos, experiencia que a su progenitor le permitió valorar a plenitud la ocupación de su hija. Es también el orgullo que sentían los trabajadores de limpieza por su trabajo, a través del cual contribuían a crear ambientes más sanos y saludables.

Bailey y Madden también tomaron nota de las situaciones en las que sus entrevistados sintieron que su trabajo había dejado de resultarles significativo. Esto sucedía si se les pedía llevar a cabo acciones que iban en contra de sus valores; si sentían que el jefe daba por hecho lo que ellos hacían, sin concederles mérito alguno; si se sentían obligados a hacer cosas que les parecían no tener sentido; si su punto de vista no era tomado en cuenta; si formaban parte de un equipo en el que no se sentían apoyados por sus colegas; y si se ponía innecesariamente en riesgo su integridad emocional y física.

LAS FORTALEZAS PERSONALES, TU ESCUDO PROTECTOR

En su libro La auténtica felicidad (2011), Martin Seligman nos invita a tomar conciencia de nuestras fortalezas personales y a ponerlas en práctica, ya que éstas nos facultan a sentir, pensar y actuar en consonancia con nuestros principios personales. Auspiciados por la American Psychological Association, él y su colega Christopher Peterson se dieron a la tarea de clasificar cada una de las 24 fortalezas identificadas, entre las que se encuentran la curiosidad, la bondad, la valentía, la perseverancia, la esperanza, la gratitud y el trabajo en equipo. Acto seguido, las agruparon en seis categorías: sabiduría y conocimiento, valor, amor y humanidad, justicia, templanza, espiritualidad y trascendencia.

Te presento lector/lectora una breve descripción de cada una de estas fortalezas, con el propósito de que al revisarlas identifiques cuáles son las que le dan sentido a tu vida. Al practicarlas de manera consciente, podrás experimentar a plenitud el bienestar y la felicidad. Si lo deseas, las encontrarás a detalle en el ya referido libro La auténtica felicidad.

Sabiduría y conocimiento. 1. CURIOSIDAD E INTERÉS POR EL MUNDO. Te muestras abierto a distintas experiencias y eres flexible ante temas que no necesariamente encajan con tus ideas previas. Quien muestra curiosidad, difícilmente se aburre. 2. AMOR POR EL CONOCIMIENTO. Te encanta aprender cosas nuevas: siempre te ha gustado estudiar, leer y aprovechar cualquier oportunidad para aprender. 3. PENSAMIENTO CRÍTICO. Piensas las cosas con detenimiento y las analizas desde todos los puntos de vista; no te precipitas a sacar conclusiones. 4. ORIGINALIDAD E INGENIO. Dado que eres una persona creativa, no te satisface hacer las cosas de manera convencional. 5. INTELIGENCIA SOCIAL, PERSONAL Y EMOCIONAL. Te conoces bien como eres y eres capaz de observar los diferentes estados de ánimo, motivaciones e intenciones de los demás. 6. PERSPECTIVA. Otros buscan tu consejo a la voz de: “Tú que todo lo sabes y lo que no, lo inventas…”, ya que eres sumamente ducho para analizar las cosas y solucionar problemas.

Valor. 7. VALENTÍA. No te achicas ante las amenazas, los retos, el dolor o las dificultades, por lo que en vez de huir te enfrentas a las situaciones que ponen en riesgo tu bienestar físico, mental o emocional. 8. PERSEVERANCIA. Terminas lo que comienzas, sin importar que se trate de proyectos difíciles o complejos. Eres digno de confianza, pues cumples lo que prometes. 9. INTEGRIDAD. Eres una persona honesta y vives tu vida de manera auténtica, a diferencia de aquellos que orientan su veleta en función de lo que les conviene.

Humanidad y amor. 10. BONDAD Y GENEROSIDAD. Disfrutas realizando obras en beneficio de los demás, aun tratándose de personas desconocidas, ya que muestras empatía y compasión hacia ellas. 11. AMAR Y DEJARSE AMAR. Valoras las relaciones íntimas y profundas; las personas con las que te relacionas sienten lo mismo por ti.

Justicia. 12. TRABAJO EN EQUIPO. En un grupo, eres un compañero o compañera leal y dedicada, y te esfuerzas por trabajar duro por el éxito de todos y todas. 13. IMPARCIALIDAD Y EQUIDAD. No permites que tus sentimientos personales afecten tus decisiones, pues te dejas guiar por principios morales sólidos. 14. LIDERAZGO. Se te da bien organizar actividades y asegurarte de que se lleven a cabo de manera oportuna, armónica y efectiva.

Templanza. 15. AUTOCONTROL. No te resulta difícil refrenar tus necesidades e impulsos cuando la situación así lo requiera. 16. PRUDENCIA Y CAUTELA. Te cuidas de hacer o decir cosas de las que luego podrías arrepentirte, pues evitas poner en riesgo aquello que es valioso para ti. 17. HUMILDAD Y MODESTIA. No buscas ser el centro de atención, eres enemigo de los privilegios especiales y los demás respetan y reconocen tu sencillez.

Trascendencia. 18. APRECIACIÓN DE LA BELLEZA Y EXCELENCIA. Posees la sensibilidad de admirar las maravillas de la naturaleza, el arte y las ciencias; te permites conmoverte ante aquello que hace vibrar tu corazón. 19. GRATITUD. Eres consciente de las cosas buenas que te suceden, ante las cuales expresas un agradecimiento surgido de tu aprecio por la vida misma. 20. OPTIMISMO Y ESPERANZA. Esperas lo mejor del futuro y planificas y trabajas para conseguirlo; muestras una actitud positiva hacia lo que viene. 21. ESPIRITUALIDAD Y RELIGIOSIDAD. Tus sólidas creencias te llevan a concederle un significado profundo a la razón de ser de las cosas. 22. PERDÓN Y CLEMENCIA. Sabes perdonar a quienes te causan un daño y estás dispuesto a concederles una segunda oportunidad. 23. SENTIDO DEL HUMOR. Sabes ver el lado risueño de cada situación, pues estás convencido de que la vida no debe de tomarse tan en serio. 24. PASIÓN Y ENTUSIASMO. Eres una persona llena de vida y te dedicas en cuerpo y alma a aquello que te motiva y apasiona.

TALENTO EMPRESARIAL 1915

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