¿Nueva normalidad o lo que siempre debió ser?

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Durante años gozamos de una relativa estabilidad que permitió operar sin grandes innovaciones o incluso sin contemplar el exterior. A partir de ahora cualquier empresario o emprendedor deberá hacer lo que siempre debió hacer: explorar el entorno y adaptarse con rapidez a los cambios.

 

La real academia define crisis como “aquel cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación o en la manera en que estos son apreciados” por lo que bajo esta definición y si analizamos nuestro entorno actual, podríamos decir que nos encontramos ante una crisis.

Asian Man Standing In Front of Big Question Mark

La nueva normalidad llegó a todos los aspectos de nuestras vidas, ha modificado las relaciones familiares, las formas en que nos comportamos en sociedad y la forma en que nos relacionamos con y entre los negocios. Es un mundo donde la relación con el cliente se ha roto y que trajo una disminución inmediata en la demanda de muchos de los productos.

Todo esto, provocó que un grupo grande de empresas vieran reducidas sus ventas y en casos extremos las obligó a cerrar por completo. Por otro lado, tenemos a aquellas organizaciones que por ser industrias de primera necesidad mantuvieron sus operaciones casi normales y/o con ligeros ajustes en su logística; y en un menor grado observamos a aquel grupo de empresas que supieron adaptarse al cambio y han sabido explotar al máximo las oportunidades que el nuevo entorno provee, volviéndolos casos de éxito aún estos tiempos de crisis.

Al observar estos tres tipos de empresas, podríamos confirmar la definición anterior, donde la crisis no tiene sólo que ver con los cambios en la situación, si no también en la manera en que cada uno lo percibe.

De manera sencilla podemos clasificar a los empresarios en dos tipos: aquellos que operan hacia el interior, buscando eficiencias y disfrutando de los beneficios que la estabilidad da, asemejándose más a la labor que lleva a cabo un agricultor; y por el otro a aquellos que siempre buscan y se adaptan al cambio, que toman iniciativa y están ávidos de explorar nuevas oportunidades, es decir que cuentan con un espíritu aventurero.

En un mundo estable ser como el primero tipo de empresario no representa mayor problema, puedes pensar en planear en el largo plazo o incluso en no planear, ya que el entorno con pocos cambios es muy condescendiente con ellos. Este mundo nos hizo pensar que aquellos que estaban atentos a los cambios eran grandes visionarios, con talentos especiales que los hicieron triunfar aún ante adversidades; sin embargo, debemos entender que nuestro mundo no es así, cual cubo de Rubik está en constante reconfiguración, donde fenómenos con la pandemia sólo vinieron a acelerar y hacer más evidentes los cambios que se venían ya dando; dejándonos dos opciones: seguir quejándonos y esperar a que el mundo regrese a “la normalidad”, o ser audaces y aprovechar las oportunidades nunca vistas que estos cambios representan.

Es por eso que el empresario actual debe tomar nuevas actitudes ante el entorno, cambiar las perspectivas, cual jugador de basquetbol deberá “pivotear” en búsqueda de nuevas posiciones y nuevos puntos de vista, pero mantener siempre el objetivo claro, debe estar preparado para adaptarse de una manera más rápida a las situaciones y tendrá que desarrollar nuevas maneras de obtener información para tomar decisiones más ágiles e inteligentes; en pocas palabras debe hacer lo que cualquier buen empresario ha hecho toda la vida.

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