Deber de seguridad

Deber de seguridad

La inminencia es la proximidad en el tiempo de un suceso, en especial de un peligro o de un riesgo, y tal definición se hace presente al día de hoy con la exposición al riesgo que cada uno tenemos en especial a contraer COVID19 o cualquier otra enfermedad o, en su caso, sufrir una eventualidad como puede ser un daño, lesión o pérdida de nuestro patrimonio.

Ahora, ¿cuál es la probabilidad racional de que se materialice la exposición al riesgo? Si como ciudadanos, trabajadores, empresarios, estudiantes debemos acatar obligaciones no solo legales sino cívicas en función a cuidarse uno mismo en relación con los demás, tener en cuenta que la omisión o la culpa por no cumplir con las disposiciones normativas puede configurar delito de lesiones culposas.

Y si bien podemos argumentar que lo que no está prohibido está permitido, debe ser la honestidad, el respeto a los demás, la que nos prohíba determinada conducta o acto, como un método de prevención.

Si bien no se puede garantizar eficientemente la seguridad al no tenerse el control total de la situación ni por parte de los gobiernos ni por las personas, al menos cumpliendo con las medidas sanitarias razonables, que no son nuevas ni tampoco se descubrió el hilo negro con la situación de emergencia que vive el país, los riesgos son menores y con más margen de control si cumplimos, acatamos, lo que nos piden debiendo dejar a un lado conductas que parecieran dolosas ya no solamente por no portar cubrebocas, por ejemplo, sino evitando tirar basura en lugares inapropiados, manejar con responsabilidad los residuos domésticos, comerciales, industriales, entre otros, sin dejar de mencionar la higiene personal que cada uno debe observar, cuando menos pensando en el entorno familiar y, de ahí en adelante, con todas las personas con las que se interactúa.

¿Por qué menciono lo anterior? Porque existe la comisión de delitos (o faltas administrativas) por omisión, que en simples palabras es la no observación de las reglas cívicas de urbanismo, de convivencia, que para la mayoría de la sociedad no son desconocidas, ¿o acaso desconocemos que debemos lavarnos las manos, tan frecuente como sea posible? O bien, respetar señalamientos de no fumar, de no tirar basura, de tránsito y vialidad, o más aun, ser capaces de discernir si lo que hacemos va bien con lo que espero de sí mismo, con mi familia, con la sociedad en su conjunto.

Ese deber de seguridad al que me refiero es aquel que nos permite concientizar que debemos procurar y procurarnos condiciones de cuidado, de protección, en el trabajo, en casa, en los espacios públicos. Si bien no es posible que una casa sea vigilada por la autoridad, sí sus habitantes pueden cuidar y cuidarse a sí mismos.

Un contagio como resultado lesivo (por imprudencia) expone a resultados que por la conducta peligrosa del causante fomenta la progresión la enfermedad y ese riesgo hace responsable no solamente al Estado como garante de los derechos humanos de las personas, también a las personas en sí mismas. La inmunidad a la pandemia solamente se logrará en comunidad y el caos que se pronostica solamente se vence con preparación, con precaución, no con improvisación ni indolencia hacia las medidas de protección personal y comunitaria.

@cgramir

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