Salud mental post COVID

Salud mental post COVID

La enfermedad y la salud mental constituyen el gran pendiente dentro de la medicina y las políticas de salud pública. Históricamente los países han destinado porcentajes bajísimos de sus presupuestos de salud para el tratamiento de las enfermedades psiquiátricas (Se calcula que es el equivalente al menos del 2% de dicho apartado). En estas circunstancias no era raro suponer y hoy asegurar, que la salud mental como muchos otros asuntos médicos, se hubiera visto afectada también durante la presente pandemia por COVID-19.

En el principio de esta calamidad, el miedo al contagio y la ansiedad por la nueva enfermedad fueron asociadas frecuentemente. El temor y la incertidumbre fueron y siguen siendo una constante. Prácticamente todos los grupos sociales, independientemente de su estatus socioeconómico y su ubicación geográfica, experimentaron cambios en sus costumbres con el fin de prevenir la dispersión de la nueva amenaza. Mucho se hablado de los efectos negativos por la pérdida de las actividades normales y cotidianas como las diversas rutinas y actividades sociales, las concentraciones multitudinarias ya sean deportivas, recreativas, religiosas etc. que eran consideradas habituales, hasta antes de la pandemia. Por otra parte, el confinamiento (aunque necesario) ha influido negativamente en la salud física y mental de muchas personas.

Independientemente al enclaustramiento, diversos estudios han demostrado que las personas que viven en cuidades y en grandes concentraciones urbanas, son susceptibles a presentar más enfermedades mentales que aquellas que tienen una relación más estrecha con la naturaleza. Por ejemplo, se ha comprobado que los individuos que durante la pandemia han tenido acceso a espacios naturales, o simplemente gocen de una vista desde su ventana hacia los árboles o la naturaleza, han podido enfrentar el aislamiento y confinamiento de mejor manera.

Entre los pacientes que han padecido COVID-19, se ha calculado que entre el 30 al 60%, pueden presentar síntomas a nivel del sistema nervioso. Hasta ahora se sabe poco de los daños cerebrales transitorios. Algunos enfermos presentan incluso perdida de la conciencia y está descrito que estas alteraciones pueden llegar a durar hasta dos semanas.  Por otro lado, cada vez más, se habla de un síndrome post-COVID persistente, donde suelen presentarse anormalidades neuropsiquiátricas como dificultades en la concentración, la atención y la memoria, además de la presencia de ánimo depresivo, ansiedad, fatiga y la aparición de insomnio de difícil tratamiento.

De alguna manera, las personas con antecedentes de patología mental o con algún trastorno neurológico previo, presentan riesgos mayores de sufrir COVID-19 grave. Algunos investigadores postulan que es probable que estos individuos adopten conductas que pudieran ponerlos en un riesgo mayor de contraer la enfermedad. Otra teoría para explicar posiblemente el origen de dicho riesgo es que, tanto las enfermedades neurológicas, así como las psiquiátricas, junto la COVID-19, compartan mecanismos inflamatorios que agraven la presentación de esta infección en dicho grupo de personas.  

Más allá de los efectos biológicos y psíquicos de la enfermedad, es necesario recordar que la pandemia COVID- 19 ha significado una verdadera crisis sin precedentes en la era globalizada, pues ha afectado además de la salud de las personas, sus propósitos personales, las dinámicas familiares y sociales y por supuesto las dinámicas laborales ya sea por los nuevos retos de trabajar en esta situación, ya sea por el desempleo que la crisis ha generado.

Se ha observado que la gente que ha tenido que laborar durante este trance, en lugares en los cuales conviven con otros individuos, han mostrado mayores tasas de exposición y de contagio a SARS-CoV-2. Sobre todo, al principio de la pandemia, muchos trabajadores sufrieron discriminación y estigma por el temor de otras personas a resultar contagiadas. Los empleados esenciales y de la salud, son desde hace casi dos años presas del burnout (o síndrome de desgaste profesional) en medio de una catástrofe que no da tregua. Por otra parte, aquellos que han trabajado vía remota o de manera virtual han tenido que adaptarse a trabajar en situaciones de aislamiento y virtualidad, enfrentando en muchas ocasiones el incremento en las horas de trabajo, y el estrés laboral por los nuevos retos que la situación plantea.

En medio de este contexto, las empresas deben observar la influencia que tienen estos desafíos sobre la salud mental, y las nuevas propuestas que surgen para intentar mejorar las condiciones laborales y minimizar los efectos negativos que ejerce la problemática actual sobre la salud de sus empleados, sobre todo si tomamos en cuenta que la situación  al día de hoy ha suscitado nuevos esquemas laborales,  en  medio de una pandemia que está aún lejos de terminar.

 Ante tales adversidades resulta imperioso se atienda desde ahora y con prontitud, el rezago que sobre la salud mental se ha mantenido como una constante, no solo por la deuda histórica que sobre ella se ha tenido, sino con el fin de prevenir y conservar aquello que la COVID-19 también está lastimando. Nos referimos a esa característica, tan compleja e incomprendida a veces, tan admirada y criticada otras tantas, pero maravillosa siempre. Aquella peculiaridad que probablemente nos distingue mejor como especie biológica: “la mente humana”.

Juan Pablo Núñez Martínez

Psiquiatría y Salud Mental

Hospital Starmedica Querétaro

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