Una historia de árboles, ciencia y amor.

Una historia de árboles, ciencia y amor

Por Ruth Castro

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Hace unos años comenzó a crecer mi interés en los libros sobre ciencia. No de todas las ciencias, en realidad fue aumentando mi colección de libros que hablan sobre el comportamiento de las plantas, de los animales, y de los hongos (que no son ni uno ni otro pero son seres vivos).

Si pienso de dónde me ha venido de pronto esta afición podría decir que, por una parte, se la debo a mi padre, que fue un ingeniero agrónomo con alma de taxónomo, y que me compartió su amor por las ciencias de la tierra, en especial la biología y la geología, y porque también cuando era niña me contaba historias que años después supe que eran adaptaciones de la teoría darwiniana de la evolución de las especies.

Cualquier viaje en coche mi padre lo convertía en intensas excursiones, con muchas paradas al borde de la carretera para mostrarme un tipo de árbol o la forma de las hojas o las flores de una planta mientras me indicaba, con navaja suiza en mano, cómo hacer injertos. Solía hacer cortes en los tallos o cortezas para hablarme de su interior y de su savia.

Por otra parte, el gusto resurgió de hacer consciente que antes de estudiar Lingüística y Literatura estaba segura de que me dedicaría a las ciencias duras, más específicamente, a las matemáticas. La vida me llevó por un sendero más humanístico, pero vamos, que desde la infancia –y quizá también influida por mi padre–, me daba por pasar horas leyendo las lecciones de las materias científicas escolares tanto como las lecciones de español.

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Pienso en estas anécdotas personales porque me gusta imaginar qué es lo que origina ciertos hábitos lectores que crecen como ramas y se van enredando en nuestros propios intereses. Me refiero a los que van formándose en nosotros de manera orgánica, sin ninguna presión de estar al tanto de las novedades literarias del año ni porque sea recomendación de alguien más.

Supongo que son los que parten de un momento de atracción: ver un título en aparador, mesa de librería o estante de algún amigo en el que sientes una revelación especial. También creo que no es fortuito; algo de ese interés puede tener un pasado que se devela ante nuestros propios ojos. Si te dejas llevar por una nueva predilección tal vez ésta se convierta en un hábito que con el tiempo será parte de tus gustos lectores personales. No tenemos que ser científicos para leer ciencia, como no tenemos que ser detectives para que nos guste Sherlock Holmes. Creo que todo lo contrario, la aficiones pueden surgir de una carencia, de una necesidad, de una información que nos falta y a la que deseamos acceder.

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Me encontré con La memoria secretas de las hojas. Una historia de árboles, ciencia y amor hace pocos meses, de visita en una librería con una amiga con la que llevo años compartiendo lecturas. Quizá me atrajo mucho porque combinaba dos gustos particulares: las plantas y la narración. No es un catálogo herbario, ni consejos para cuidar un jardín, ni tampoco un libro de ilustraciones botánicas que, ojo, me gustan mucho, sino que se trata de la historia autobiográfica de una científica.

Hope Jahren cuenta desde que es recién egresada de la universidad y comienza a trabajar en un laboratorio médico hasta que se convierte en la investigadora que está a cargo de esos grandes proyectos que ni siquiera un día imaginó. Habla de su recorrido por becas, investigaciones, cortos presupuestos, viajes a congresos y muchas prácticas en la naturaleza. Simultáneo a esa trayectoria está su vida, aunque en realidad su trabajo es su vida, y en ella se van intercalando otras tantas historias personales: una amistad entrañable con otro científico, su relación con alumnos y becarios de sus proyectos, entre mudanzas, amores y padecimientos de salud.

En pequeños capítulos alternados describe algunas de sus investigaciones en campo: lo que descubre sobre un tipo de árbol o planta, hipótesis que a veces le lleva años comprobar. Estos apartados no dejan de ser parte esencial de la novela; en realidad cuando habla de la naturaleza es una verdadera delicia, por el amor con que lo hace y por las analogías con la vida. Tampoco queda de lado su relato de cómo es ser una mujer científica, y como en pleno siglo XXI dicha “condición” sigue importando en ciertos círculos.

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Para mí, entonces, el libro ha sido un combo en el que ciencia, montañas y autobiografía se reunieron con gusto desde la voz de la misma protagonista. Y la recomendaría porque puede ser leída como una novela emocionante con lenguaje sencillo, porque no te da la sensación en ningún momento de que es un libro técnico y científico, y porque de paso, cómo no interesarnos en todos los otros seres vivientes con que compartimos este planeta, que llegaron cientos de años antes de nosotros y precisamente generaron las condiciones para que las y los humanos/as habitemos esta tierra. 

En su edición original en inglés, dicho libro se titula simplemente Lab girl. Me alegra que para la edición en español pensaran en este otro título que combina amor con plantas.

“Las semillas saben esperar.

Todo inicio es el fin de una espera.

A todos se nos da una única oportunidad de ser.

Cada uno de nosotros es tan imposible como inevitable.

Todo árbol adulto fue primero una semilla que esperó.”

“Las personas son como las plantas, crecen hacia la luz.

Escogí la ciencia porque me daba lo que necesitaba:

un hogar en el sentido más literal; un lugar seguro.”

“Como científica soy como una hormiga: insuficiente y anónima,

pero más fuerte de lo que aparento y parte de algo mucho más grande que yo.

Juntos, estamos construyendo algo que dejará boquiabiertos a los nietos de nuestros nietos.”

Ficha del libro:

La memoria secreta de las hojas. Una historia de árboles, ciencia y amor

Hope Jahren

Paidós,  2017

Ruth Castro

Escribe, edita libros y hace gestión cultural en literatura y promoción de la lectura. Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánicas por la Universidad Veracruzana. Ha sido directora de librerías, coordinadora editorial y de literatura a nivel municipal y estatal en distintas administraciones. Actualmente es bibliotecóloga en el Museo Arocena. Fundadora y editora de El Astillero Libros. http://www.elastillerolibros.com

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