Pandemia, ¿Cambios?, ¿Tecnología?

Pandemia, ¿Cambios?, ¿Tecnología?

“Donde está el peligro crece también lo que lo salva.”

  • Hölderlin

            De manera incuestionable la situación que hemos vivido en los últimos dos años a raíz de la pandemia ha provocado cambios en nuestra forma de vida, pero de eso a que el mundo jamás será el mismo o a una superficialidad que la limita a un virus como cualquier otro hay un gran abismo para un auténtico pensamiento. Una óptica en blanco y negro nos impediría un análisis más profundo del verdadero impacto de lo sucedido y/o de los problemas o cuestiones que ya se venían gestando, y que el fenómeno de la pandemia, como fenómeno social, aceleró y potencializó a nuevas magnitudes.

            En el inicio de todo aquello que tomó por sorpresa a una humanidad llena de soberbia, lo tecnológico surgió como una gran balsa a prueba de todo para permitirnos mantener el ritmo a pesar de los confinamientos. Smartphones, tabletas, laptops y cualquier otro gadget, además de sus respectivos softwares, se erigieron como fortaleza a prueba de cualquier pandemia para permitirnos seguir con nuestras vidas en la medida de lo posible y como faro guía durante todo este trayecto. Si bien lo tecnológico estaba en el foco de la humanidad en la última década a raíz de toda la serie de avances en diversos campos, la pandemia aceleró el ritmo de dicho fenómeno elevando también su protagonismo. Pero, ¿entonces qué cambió y cuál es el papel de lo tecnológico dentro de todo esto?

            Para abordar una de estas cuestiones tomemos como ejemplo el fenómeno educativo en donde lo tecnológico se volvió el punto para garantizar el curso de las actividades escolares dentro de los diferentes niveles. Nadie cuestionó lo que se venía haciendo, si era bueno o no, por el contrario, fue un simple mudar las cuestiones de la presencialidad a la virtualidad como si todo caminara sobre ruedas. Se potencializó el número de videollamadas y del uso de los recursos periféricos de hardware. Incorporar la mayor cantidad de estos era la solución simple, incluso en un inicio se trató de no mover nada en cuestión de contenidos, “al fin estamos preparados” fue el sentir. El problema se simplificó y se redujo a una simple carrera por el uso de lo tecnológico dentro de lo educativo, sólo había que adherir términos como híbrido o semipresencial.

            Pero he aquí la cuestión central de la segunda pregunta, ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Lo anterior lo apunto hacia la cuestión tecnología en la desesperada innovación que acentuó la pandemia, y que al parecer nadie cuestionamos ya que damos por sentado muchas cosas.  ¿Qué necesito en cuanto a dispositivos tecnológicos? ¿Para qué fue inventado tal o cual dispositivo? ¿Realmente lo necesito? ¿Qué me causa el uso de ese dispositivo más allá de lo obvio en ciertas cuestiones? Muchas de estas preguntas ni siquiera las planteamos, e incluso su posibilidad nos causa indiferencia. O incluso cuestiones que no osamos en dar una respuesta como nuestra relación con dicha tecnología. Hacer o plantear una pregunta acerca de lo tecnológico puede dejar a más de uno en silencio o con una indiferencia radical al no poder dar una respuesta para algunas cuestiones.

            La innovación desbordada por parte de las empresas tecnológicas nos hace necesitar 3 o 4 cámaras o pixeles que nuestro ojo no puede detectar. ¿Un refrigerador con pantallas grandes en las puertas es necesario? ¿Una computadora más veloz? ¿Un nuevo teléfono que hace lo mismo que el anterior? En todos los caminos para abrir posibles respuestas nos damos cuenta de que algo que damos por sentado está en el aire. Algo que consideramos una pregunta sin importancia resulta que es la cuestión trascendental de todo esto: ¿Cuál es mi relación, o la relación del ser humano, con la tecnología?

            Uno de los primeros en abordar esta cuestión fue Mauricio Ferraris con el concepto de Homo Cellularis. A través de un ensayo provocador expone algunas de las cuestiones trascendentales de algo, el teléfono móvil, que pocas veces nos paramos a pensar. ¿Cómo nos modifica? ¿En dónde deja lo humano? ¿Modifica nuestras relaciones? Deja de lado las etiquetas simplistas para plantear una ontología a través del camino del pensamiento del teléfono celular a partir del cambio del “¿Quién habla?”, al “¿Dónde estás?”.

            Ahora abordemos la primera de las cuestiones planteadas, ¿Qué cambió? Como mencionan las posiciones extremas, todo o nada. Podemos descartar esos polos fácilmente derivado de una simple cuestión: qué es lo que estamos midiendo, a qué categorías le estamos prestando atención, es decir, ligado con los puntos anteriores la innovación desmedida o sin sentido nos lleva por un camino a alta velocidad sí, pero por un camino en el que no cuestionamos sus objetivos, no tenemos el sentido de hacia dónde nos dirigimos. Como algunas de las perspectivas extremistas dicen, ¿siempre estamos mejor? ¿Estamos avanzando o será más bien que sólo estamos prestando atención a una parte de la totalidad y, por el contrario, hay cosas que estamos perdiendo u empeorando? Hay cosas que ni siquiera nos estamos planteando, como en el caso de lo tecnológico. ¿Cuál es el sentido de todo esto? ¿A dónde nos llevan todos estos cambios? ¿A dónde apuntan?

            Para concluir sólo hay que apuntar que lo sucedido debe ser un parteaguas que nos lleve a plantear nuevas preguntas sobre el rumbo de las cosas y su sentido, sobre el papel de un fenómeno que nos deslumbra como lo tecnológico, en fin, es un momento en donde debe haber más preguntas que respuestas.

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