Industria refresquera

Industria refresquera y sus consecuencias

Por Morita Salas

Corporaciones refresqueras han secuestrado la salud pública por más de 50 años.

Los refrescos de marcas nacionales e internacionales están presentes en el territorio mexicano aproximadamente desde el inicio del siglo XX; no obstante, su consumo era esporádico y reservado a las élites. Hasta los años 80, el consumo de refrescos y en general la ingesta de azúcar eran muy bajos en el país. Entre 1984 y 1999, esto es, en un lapso de 15 años, la compra de refrescos se incrementó en poco más del 37%, respecto a otros tipos de alimentos como frutas y verduras.

El anclaje del refresco en la cultura mexicana es múltiple y se vincula con la cotidianidad, las fiestas, rituales y hasta diferentes formas de identidades sociales, étnicas y profesionales.

En menos de dos generaciones, la población ha construido alrededor de esta bebida, prácticas de consumo en casi todas las circunstancias de la vida diaria, combinadas con sentidos identitarios para quienes lo consumen o lo ofrecen, valores alrededor de la convivialidad, festejos, rituales y emociones positivas que han sido reforzadas por la misma mercadotecnia.

Daño ambiental

Empresas refresqueras extraen anualmente 133 mil millones de litros de agua para producir bebidas que no sólo afectan la salud de los consumidores sino que además provocan serios daños ambientales en México. El total del agua que utilizan las empresas alcanzaría para llenar 16 mil 862 veces el Lago de Chapala, el más grande de México, en un país donde el 24 por ciento de los hogares no tienen agua todos los días, ubicándolo en el segundo lugar en Latinoamérica por estrés hídrico – es decir, que la demanda es más alta que la cantidad disponible- . Pero no sólo es lo que consumen, también cuenta lo que desechan: 119 mil millones de litros de agua sucia que después de los procesos industriales regresa a cuencas y acuíferos.

Aún cuando las empresas de productos ultraprocesados hacen grandes esfuerzos publicitarios y crean fundaciones para mostrarse como ecológicos y socialmente responsables hay evidencia de que bloquean iniciativas gubernamentales para evitar hacerse cargo de la contaminación que provocan sus empaques. La refresquera más grande del mundo, Coca Cola, no sólo lleva a todos los rincones de México sus productos, sino que consume el agua en cada uno de los 32 estados del país de dónde extrae más de 55 mil millones de litros de agua al año.

La fiscalización y la transparencia en el consumo de agua de estas grandes empresas es un tema de interés nacional, por el estrés hídrico del país, las repercusiones socio ambientales ylas afectaciones a la salud pública de sus productos. 

Refresqueras, mayores contaminantes de plásticos del mundo: Greenpeace

En el top-10 de la lista también figuran Procter & Gamble, Mondelez, Philip Morris, Danone, Mars y Colgate-Palmolive.

Coca-Cola, produce aproximadamente un 10 por ciento de los envases plásticos asociados a marcas que se desperdician en el planeta, o tres millones de toneladas, según calcula el estudio de Greenpeace. También recuerda la relación de esta contaminación plástica con el cambio climático, dado que el 99% de estos envases se fabrican a partir de combustibles fósiles en la industria petroquímica. 

Daño en salud

En México, el refresco se convirtió en una bebida muy presente en la vida cotidiana y festividades, con un consumo máximo de 139.9 litros en 2012. Estos niveles de consumo, entre los más altos del mundo, dañan la salud y se asocian con obesidad y enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes.

La industria refresquera desde los años setenta ha puesto la atención en la actividad física para desviar la atención de la azúcar en sus bebidas como principal causa de las epidemias de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.

En Guanajuato, los padecimientos relacionados a la mala alimentación superan a otras causas de muerte: en el 2020 murieron por enfermedades del corazón 9 mil 115 y de diabetes 7 mil 805 personas. En la entidad se compra el 5.3% de la producción nacional de refrescos que asciende a más de 5 mil millones de pesos, según la Asociación Nacional de Productores de Refresco y Aguas Carbonatadas. 

Las autoridades contribuyen a este engaño, al centrar sus campañas en el balance energético, en la promoción de la actividad física, contribuyendo a la estrategia de la industria de desviar la atención de la causa principal de estas epidemias de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares: el contenido de azúcar en sus bebidas.

Con una intensificación de su consumo durante las tres últimas décadas, el refresco se ha vuelto en México parte del paisaje cotidiano. Este “negocio” está generando ganancias colosales para las empresas que han experimentado fases de expansión y consolidación. No obstante, en contraste, existe una vasta evidencia en el mundo y en México sobre los efectos adversos para la salud asociados con estas bebidas “ultra procesadas”, por su alto contenido de azúcar (12 cucharadas en 600 ml), y su vínculo con el desarrollo de obesidad, sobrepeso, y enfermedades crónicas.

Según datos de 2016, 7 de cada 10 adultos mexicanos tenían sobrepeso u obesidad y 3 de cada diez, en caso de la población en edad infantil.

Asimismo, las cifras de diabetes son alarmantes, en 2016, se encontró una prevalencia de 9.4% de población mexicana diagnosticada con esa enfermedad, colocándolo entre las primeras causas de muerte y 6to lugar mundial según datos proporcionados por la Federación Mexicana de Diabetes, A.C. Este conjunto de patologías, estrechamente vinculadas con el consumo de refresco y otras bebidas “ultra procesadas”, enferman masivamente a la población, retan al sistema de salud en su conjunto e incrementan la fragilidad de los sectores más vulnerables de la sociedad mexicana (pueblos indígenas, personas con escasos recursos económicos y educativos).

El gran poder del Marketing

No es casualidad que Coca-Cola sea la marca del mundo con mayor consumo y reconocimiento de su logotipo por la población, según expertos, ha construido su desarrollo y expansión sobre importantes inversiones en marketing desde el siglo XIX. Adoptando las técnicas de marketing más efectivas (operando a nivel emocional y en el subconsciente), para persuadir a la población (infantil y adulta) de consumir su bebida mediante su logotipo, imágenes, música y su eslogan, que potencializan la trama argumentativa de sus anuncios.

Con esta estrategia de marketing, se busca (y se ha logrado) reconocimiento y apropiación de la marca, deseos para consumirlo y la lealtad a la bebida a lo largo de la vida.

De ese modo, las campañas publicitarias de Coca-Cola, adaptadas al contexto nacional, vincularon la bebida con “modernidad”, “descanso”, “mexicanidad”, “felicidad” y contribuyeron en la incorporación duradera del refresco dentro de la dieta cotidiana del mexicano. Entre los eslóganes de la marca, podemos recordar; “La pausa que refresca”, “El refresco favorito de México es más mexicano de lo que usted cree”, “La chispa de la vida”, “Destapa la felicidad” y “Haz más ricas tus comidas”.

Ante los daños operados en diferentes ámbitos y escalas, y desde una perspectiva de salud pública, una pregunta se vuelve central y urgente para ser atendida: ¿Cómo desvincular el refresco de la cultura mexicana?.

Esta pregunta es un llamado para un diálogo y una mayor colaboración entre las ciencias de la salud y las ciencias sociales, y así enfocarse en resolver una problemática social que amenaza la integridad y el futuro del país.

Fuente: mexicosocial.org, elpoderdelconsumidor.org, forbes.com.mx, scielo.org.mx

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