LOVE IS LOVE

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Diversidad con los cinco sentidos

Por: Berenice Vallejo

Hablar de diversidad es referirse a la variedad y diferencia de características que existen entre los seres humanos, como pueden ser de origen étnico, cultural, lingüístico, religioso, de género, de orientación sexual, edad, de habilidades y discapacidades, entre otras. La diversidad reconoce que cada persona es única y valiosa, promoviendo la inclusión y el respeto hacia todos, independientemente de sus diferencias. La diversidad es un principio fundamental en las sociedades democráticas y pluralistas, enriqueciendo en ellas la vida social, cultural y económica al permitir el intercambio de ideas, experiencias y diversas perspectivas.

Pero hablemos justo de la diversidad cultural, mental y de género refiriéndonos a la variedad de formas en las que las personas difieren en términos de identidad, creencias, valores, prácticas, experiencias y formas de expresión. Estas diferencias se deben a múltiples factores como la cultura, el origen étnico, la religión, el género, la orientación sexual, la edad, entre otros.

Cuando hablamos de diversidad, muchas personas piensan específicamente en la de género y hablar de ello en muy complejo en este momento social ya que enfrentamos un fenómeno de entendimiento que está en proceso. Nos referirnos a la variedad de identidades de género que existen más allá de la dicotomía tradicional de hombre y mujer, esto incluye identidades como no binario, agénero, género fluido, entre otras. Es importante respetar y reconocer la diversidad que existe en este punto no sólo para garantizar los derechos y la igualdad de todas las personas, sino para entendernos a nosotros mismos.

Y aquí es donde entra que nuestra identidad también habla sobre nuestra diversidad cultural que nos construye como individuos y, en forma conjunta, como sociedad. Conocer estas diferencias amplía nuestra perspectiva del mundo abriendo un camino para la diversidad mental, refiriéndose a la variedad de experiencias y condiciones mentales que afectan a las personas tal es el caso de trastornos muy comunes en el mundo contemporáneo como la ansiedad, depresión, trastorno bipolar, estrés postraumático, etc.

Todo esto, en conjunto, forma a los individuos que difieren en términos de identidad y experiencias fundamentales para promover la inclusión, la equidad y el respeto en la sociedad ejerciéndola con libertad, que no es otra cosa que un concepto fundamental que se refiere a la capacidad de las personas para actuar según su propia voluntad, sin restricciones externas; implica la posibilidad de elegir y tomar decisiones de manera autónoma, así como de expresar ideas y opiniones libremente. ¿Pero qué significa esto? Que la libertad también está relacionada con la ausencia de coerción o de fuerza externa que limiten la acción individual y aunque en teoría suena muy bien, sabemos que por múltiples factores sociales, económicos, intereses políticos esto no sucede todo el tiempo ni en todo lugar.

Existen diferentes formas de entender la libertad y esto va a depender del contexto político, social o filosófico, considerando que la libertad puede ser de pensamiento, expresión, asociación, movimiento y de elección en diversos aspectos de la vida, siendo un valor fundamental en las sociedades donde debe promoverse, o debería, el respeto por los derechos individuales garantizando la igualdad de oportunidades para todos.

Hablar de respeto en la diversidad sexual y de género es reivindicar los derechos humanos de las personas por el reconocimiento y el respeto a ello. Aquí es donde las palabras cobran sentido, en especial “libertad y respeto”, siendo a lo que todo ser vivo aspira en su vida.

Pero al permitirnos ser libres y respetar nuestras propias ideas, forma de vida, cambios de pensamiento y por lo tanto de comportamiento, parece que tenemos que enfrentar una lucha constante por hacer valer nuestras ideas entrando los 40’s. En este caso pareciera que tenemos que luchar con la decisión de ser heterosexuales siendo que es una de las orientaciones sexuales más comunes y socialmente aceptadas en muchas culturas alrededor del mundo. Las personas heterosexuales pueden establecer relaciones afectivas y sexuales con personas del sexo opuesto, formando parejas y familias, sin embargo, es importante recordar que la orientación sexual es sólo una parte de la identidad de una persona y no define completamente quiénes son ni sus capacidades, intereses o valores. La diversidad sexual enriquece nuestra sociedad y nos recuerda la importancia de respetar y valorar las diferencias individuales.

¿Y por qué pareciera que es una lucha ser heterosexual en este momento de la humanidad? Es importante señalar que pareciera que a la edad de 40 años deberíamos haber cumplido con una norma establecida que lleva un conjunto de reglas específicas como crecer, tener pareja, casarse, tener hijos y, además, tener que ser felices con esa decisión impuesta socialmente.

Pero las reglas del juego cambiaron. Entre anécdotas que puedo mencionar existe una lucha constante entre hombres y mujeres por un poder que nadie quiere. Constantemente escucho en mi estudio, mientras trabajo directamente con personas, lo terrible que es entender a un hombre siendo mujer y cómo los hombres tienen que soportar las conductas inestables y cambiantes de las mujeres bajo los efectos de las hormonas mensuales. Nadie está cómodo con el otro y más aún cuando se decide establecer una relación estable. En el noventa por ciento de los comentarios que escucho parece enfatizarse la idea de que siendo heterosexuales tenemos que “soportarnos” los unos a los otros en lugar de compartir nuestra existencia, como si fuera un acuerdo no hablado de que nos unimos con el fin de procrear y aparentar que la vida que se decidió vivir al lado de la otra persona es hermosa y feliz.

Creo que debemos entender que nunca estando en el mismo sitio, en el mismo momento, bajo la misma luz, se ven de la misma manera las cosas, las percibimos de manera distinta con nuestros cinco sentidos justamente por esas diferencias sociales, culturales, etc., que hemos mencionado antes.

Yo lo defino como la escena del cartón de leche. ¿Y cómo es esto? Hace tiempo platicaba con un amigo y le dije que no esperara que su pareja mujer viera las cosas como él; le pedí que entendiera que los dos se trataban de convencer de algo que estaban viendo desde diferentes puntos de vista y diferentes características no importando que estaban en el mismo espacio, y aquí entro mi explicación de la escena del cartón de leche y le dije lo siguiente:

Esperas que tu esposa vea la misma situación que tú, así que pongamos la escena en donde los dos están sentados en la mesa, uno frente al otro y en el centro está colocado un cartón de leche que es cuadrado. Ahora ella está viendo la marca del litro de leche donde aparece la silueta de una vaquita y del otro lado te encuentras sentado tú viendo la tabla donde vienen todas las aportaciones nutrimentales que el litro de leche te ofrece. Los dos empiezan a hablar de lo que ve cada uno y quieren convencer al otro de que lo que ven es lo que es verdadero y real, entonces todo se convierte en una discusión porque tratas de convencer a la otra persona de lo que ves y comienza una pelea en la que hasta el género aparece. ¿Qué está sucediendo? Listo la explicación es muy simple: ella te está diciendo que ve a la vaquita pastando y que ve un título de cómo se llama esa marca desde su perspectiva de género siendo mujer heterosexual de 40 años la cual está pasando por un proceso hormonal de la mediana edad, enfrentando los cambios en su cuerpo después de haber tenido hijos, etcétera. Y tú, hombre, tratas de convencerla de que está en un error pues lo que tú ves es algo más práctico en donde le indicas que el valor nutrimental del litro de leche es lo que importa desde tu perspectiva de género de hombre de 40 años que es más pragmático. Los dos están en la misma habitación viendo desde dos puntos distintos de la mesa el litro de leche que se encuentra en el centro y que en sus cuatro lados tiene una lectura distinta del envase, pero los dos quieren convencer al otro que lo que ven es lo único que importa, y es lo que es.

Jamás se va a llegar a convencer al otro. Es mejor platicar, desde donde estoy, qué es lo que veo, tratar de explicarlo con mis propias palabras y escuchar con respeto lo que la otra persona ve desde su punto de vista.

Si pudiéramos escuchar y hablar sin interrupciones sería una comunicación más saludable y así es el diálogo con nosotros mismos en donde tenemos que ser sinceros con lo que queremos y desde qué punto de vista se ve la vida dependiendo de la edad que se tiene. Aquí es donde se integra la teoría que tengo sobre cómo vivir con uno mismo y a su vez compartir con otro individuo nuestra persona a partir de los cinco sentidos, ya que cada uno de estos cumple una función específica y contribuye de manera única a nuestra experiencia sensorial.

La vista es el sentido que nos permite percibir la luz y distinguir formas, colores, distancias y movimientos. Gracias a la vista, podemos disfrutar de la belleza de un paisaje, leer un libro o reconocer a las personas que nos rodean y sus matices.

El oído es el sentido que nos permite percibir los sonidos y distinguir sus diferentes características, como la intensidad, el tono y la dirección. Gracias al oído, podemos disfrutar de la música, detectar señales de peligro y comunicarnos a través del habla con el otro.

El olfato es el sentido que nos permite percibir los olores y distinguir entre diferentes aromas. Gracias al olfato, podemos disfrutar de la fragancia de las flores, detectar alimentos en mal estado y recordar recuerdos asociados a ciertos olores como etapas de la vida y a personas.

El tacto es el sentido que nos permite percibir la textura, la temperatura y la presión de los objetos que tocamos. Gracias al tacto, podemos sentir el calor del sol en nuestra piel, la suavidad de una tela y el contacto físico con otras personas.

En conjunto, los cinco sentidos nos proporcionan información vital sobre nuestro entorno y nos permiten interactuar de manera efectiva con el mundo que nos rodea. A través de ellos, podemos disfrutar de las experiencias sensoriales que enriquecen nuestras vidas y nos conectan con nuestro entorno de manera única y personal. Todos percibimos de manera distinta el mundo, cada uno lo percibe con los cinco sentidos dependiendo de su edad, condición social, género, etc.

Amor es amor. Empecemos por nosotros mismos.

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