
Lo que no existe no se puede mejorar
En la vida personal y en los negocios hay una verdad que solemos olvidar: una idea no cambia nada si no se ejecuta.
Peter Drucker decía que lo que no se mide, no se puede mejorar, refiriéndose a la medición como la manera más práctica de dimensionar un fenómeno, dándole nombre, forma y medida, definiendo parámetros que muestran la realidad, dejando de lado las suposiciones para hacer tangibles las cosas y permitiendo tener un punto de partida para tomar decisiones y mejorar. Pero, ¿qué pasa cuando ni siquiera hay algo claro que medir?
Puede parecer extraño, pero tanto en la vida personal como en las empresas y en la sociedad, es común que surjan miles de ideas que pueden sonar brillantes e innovadoras, a las que podemos dedicar horas a pensar, filosofar y discutir, volviéndose muy apasionantes, pero a su vez olvidándonos de que son algo no solo intangible, sino completamente inexistente. Y esto no quiere decir que sea malo imaginar y soñar; de hecho, el tiempo dedicado a definir y planear es necesario, y bien empleado, puede ahorrarnos mucho tiempo y recursos. Sin embargo, de nada sirven si no se ponen en práctica.
Es fácil pensar y reflexionar sobre cómo aprender un idioma, estar en mejor forma o escribir un artículo para una revista y no lograr nada, pero si dedicamos 10 minutos diarios al estudio, salimos a caminar media hora o escribimos esas primeras líneas, comenzaremos a obtener resultados. En nuestra mente, por más brillante o innovadora que parezca una idea, si no se ejecuta, toda esa perfección se convierte en una alucinación. Por eso, el verdadero reto empieza cuando decidimos pasar de la idea a la acción, ya que toda acción, por más pequeña que parezca, genera resultados a partir de los cuales podemos mejorar.
Esto mismo sucede en los negocios: podemos pensar en iniciar un negocio, abrir una nueva sucursal o soñar con ser grandes empresarios, pero si no damos el primer paso, si no comenzamos y ejecutamos esas primeras tareas, es seguro que no lograremos nada. Tenemos que aceptar que el camino hacia el éxito no será perfecto y que lo importante es tener la valentía de crear algo, ya que, por pequeño o defectuoso que parezca, hecho, es mejor que perfecto.
Por esto, es que tenemos que construir una cultura más que de pensadores, de hacedores; es decir, una cultura de ejecución, capaz de dar existencia a lo que imaginamos, y a continuación te comparto algunos tips para poder construirla.
1.- Empieza ya: no importa que sea pequeño, no busques la gran versión final, haz un borrador, un prototipo, una prueba. El primer objetivo es existir, no impresionar.
2.- Define un plazo corto y concreto: establece fechas para la primera acción; tener una fecha límite y una urgencia sana ayuda a evitar esa parálisis por análisis.
3.- Retroalimenta pronto: comparte lo realizado con tu círculo de confianza, escuchar los comentarios de gente cercana te puede dar más claridad y ayuda a construir mejores soluciones.
4.- Celebra los avances: reconoce el valor de materializar las cosas; esas acciones podrán convertirse en la gasolina que necesitas para llegar al siguiente nivel.
5.- Mejora lo hecho: cada acción tendrá resultados y con ellos aprendizajes, convierte estos resultados en insumos para mejorar.

Al final, una idea por más perfecta y grandiosa que parezca no cambia nada; lo que construye y deja legado es lo que nos atrevemos a poner en marcha. Cada proyecto, cada empresa, cada movimiento global comenzó con un primer paso, seguramente imperfecto, pero existió. Y eso es lo que buscamos: lo que existe se puede mejorar; lo que no, desaparece. Por eso, te invito a dejar de esperar la perfección, actúa, haz sin miedo a equivocarte, porque el mundo premia a los que hacen, no a los que imaginan.
Carlos Dotor Cacho