Emociones y Piel.

Emociones y Piel. Una relación siempre presente.

Más que una capa protectora o un vestido que nos recubre, la piel es el órgano más grande del cuerpo humano.  Se calcula que mide aproximadamente 2 metros cuadrados y pesa alrededor de 5 kg. Su importancia es tal que posee multiplicad de significativas funciones. Por un lado, ayuda al mantenimiento del equilibrio y la autorregulación de las propiedades del medio interno del organismo. Por otra parte, retrasa el ingreso de agentes tóxicos del ambiente, evita el daño de los tejidos profundos e impide la invasión de la mayoría de los microorganismos.  Además, participa en la regulación de la temperatura corporal y previene la pérdida excesiva de agua.

Cerebro y piel siempre han estado conectados. Desde la formación embriológica la piel se relaciona considerablemente con el sistema nervioso central. De tal forma que la piel, con todas sus terminaciones nerviosas, es el órgano más conectado con la mente. Puede decirse entonces que hay una relación de interdependencia en donde lo que le pasa a un órgano afecta al otro, y viceversa. Hoy sabemos que la relación entre las enfermedades de la piel y la salud mental se produce en ambas direcciones. Es decir que cuando padecemos una alteración en el órgano cutáneo, frecuentemente revela un desequilibrio en el sistema nervioso.  En otras ocasiones cuando la mente no está en armonía, estas variaciones se manifiestan en la piel.  Lo anterior deja claro que éste órgano responde a las emociones en diversas formas: por ejemplo puede recibir estímulos y al mismo tiempo estimular, y de alguna forma es también el punto de llegada de manifestaciones biológicas para algunas alteraciones como la ansiedad, pudiendo llegar a transformar a la piel en el destino de diversas expresiones de la mente y la psique.

Desde hace mucho sabemos que existe una asociación entre la personalidad, el carácter, y el temperamento, con las manifestaciones de la piel. Por ejemplo, cuando una persona se molesta o se avergüenza puede presentar rubor facial o enrojecimiento de la cara. También sabemos por experiencia conocida por cualquier persona, que cuando nos sentimos exageradamente nerviosos o preocupados o cuando experimentamos un miedo intenso podemos presentar palidez, sudoración, erección del vello capilar. Por otra parte, cuando estamos felices la piel se muestra radiante y fresca expresando de alguna manera la salud óptima del sistema nervioso. De tal manera que ll final esas y otras manifestaciones, resultan evidentes no solo para nosotros, sino también para nuestros interlocutores.

Para algunos investigadores como el Dr. Alfaro de la UDEM todo padecimiento cutáneo, por más orgánico que sea, tiene cierto componente psicológico. La relación es tal que diversos estudios han demostrado que el 80% de los trastornos de la piel tienen un origen psicosomático (entendiendo por éste último término aquello que afecta a la mente o que implica o da lugar a una acción de la mente sobre el cuerpo o al contrario) 

En algunos individuos, el estrés y la ansiedad son consecuencia de la enfermedad dermatológica, por ejemplo, cuando las afecciones se presentan de manera aparatosa, cuando el desequilibrio de la imagen corporal es de gran magnitud que produce una aspecto antiestético, o cuando nos encontramos alteraciones que son de naturaleza infecciosa y que puedan producir miedo al contagio. En el caso de las personas que padecen enfermedades como vitíligo, psoriasis, dermatitis la probabilidad de sufrir una enfermedad mental es mayor, puesto que se ha descrito que tienen hasta un 20% más de probabilidades de sufrir algún trastorno psiquiátrico, siendo los más frecuentes, la ansiedad y la depresión. En otras ocasiones, la patología mental actúa como detonante o factor agravante de las afecciones de la piel.  La estadística demuestra interesantes datos puesto que se ha observado que uno de cada tres pacientes que acuden por primera vez al dermatólogo tienen síntomas de ansiedad o depresión o incluso ambas, demostrando la fuerte relación que existe entre las patologías dermatológicas y las emocionales.

En una época pandémica donde el temor al futuro, la incertidumbre, la depresión y la ansiedad tristemente son cada vez más frecuentes, se vuelve más que necesario que los pacientes expresen sus emociones durante la consulta dermatológica. De la misma forma es todavía más importante que el médico, tome el tiempo necesario para escuchar con empatía y comprensión a las personas que buscan su ayuda y conocer sus temores e inquietudes, pero también sus expectativas, así como interrogar de manera dirigida aspectos psicoemocionales para poder entender al paciente como una unidad donde convergen al mismo tiempo mente, cuerpo y espíritu.

Dra Mariana Serrano León

Nouvelle Dermaestética – Hospital Starmédica Querétaro

Miembro de The European Society for Dermatology and Psychiatry (Sociedad para la dermatología y psiquiatría ESDaP)  

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