
VIOLENCIA INTRAFAMILIAR
Por: Ofelia López
Tristemente, la violencia la vivimos todos los días en todas partes. La OMS define la violencia como el «uso intencional de la fuerza física o el poder real, o como amenaza contra uno mismo, una persona, grupo o comunidad que tiene como resultado la probabilidad de daño psicológico, lesiones, la muerte, privación o mal desarrollo».
¿Pero dónde se inicia?… en casa. La violencia se aprende en la convivencia diaria, en la vida diaria, en la relación con los miembros de la familia. El más mínimo detalle que altere la armonía puede ser detonante y, si no, con el pretexto de los gastos escolares, canalizan la ira y se aprende a encausarla desde temprana edad, puede transformarse en violencia. Si se ve como comportamiento normal en los padres, es un aprendizaje que se adquiere y que pronto se reflejará en las relaciones con la sociedad.
La violencia dentro de las familias genera individuos inseguros, con tendencias al maltrato de otras personas, animales y hasta de cosas. Hoy en día, vivimos una situación extrema de violencia en todos los ámbitos; es un grave problema para nuestro México, que ha desencadenado pérdidas de vidas humanas, separaciones de familias completas, enemistades y rencillas. Es definitivamente un problema social que nos atañe a todos.
Tomando datos del DIF Municipal: de cada 100 familias, aproximadamente en 30 se comprueba violencia emocional, verbal, física y patrimonial, en ese orden. Las tres primeras se van dando de la mano y son las más frecuentes, pues las agresiones se dan con pleitos y humillaciones entre la pareja, hacia los hijos y de los hijos hacia los padres (situación que se ha visto incrementada). La violencia patrimonial es menos frecuente y se refleja en el desamparo de la mujer y los hijos.

Existen temporalidades en las que aumenta la violencia intrafamiliar, como son en el mes de mayo, ya que, por los festejos del día de la Madre, se quiere derrochar dinero que no se tiene, aumenta el estrés y, por ende, las discusiones que se salen de control. En los meses de junio y julio, la salida de las escuelas, así como las inscripciones, aumentan los índices de violencia por situaciones económicas, además del clima caluroso, que también contribuye. Igualmente, en el mes de septiembre, con el pretexto de los gastos escolares, se incrementa la presión y se ve reflejado en la violencia en casa. Para el mes de diciembre, por las fiestas y reuniones familiares, las discusiones aumentan y también el gasto excesivo, provocando que los actos de violencia se agudicen.
Haciendo un análisis de las causas, podemos darnos cuenta de que son extrínsecas al individuo, pero que igualmente lo afectan. Lo importante aquí es inculcar el manejo de las emociones de manera inteligente, fomentar la convivencia sana y aumentar las demostraciones de cariño entre los miembros de las familias. La unión familiar será la base de las relaciones de las personas con su comunidad, no importa el tamaño de la familia, ni el lugar donde se habite.
En el mundo de hoy, donde la inmediatez es lo que impera, donde es más importante lo que vestimos que lo que sentimos, donde los valores han pasado a un segundo término, debemos tomar en cuenta que lo más importante es el respeto, la humildad y la humanidad.
No olvidemos que somos seres cambiantes y en formación continua, así que dejemos de lado el «yo así soy» y tratemos de enmendarnos y repararnos para que podamos ser personas en sana convivencia.
Somos parte de una sociedad en la que debemos participar de manera positiva. Basta de lamentaciones y juicios, pongamos todos manos a la obra y hagamos de nuestra comunidad una mejor.
Recordemos que todo es globalizado. Globalicemos el respeto.