
Pobres, pero… ¿felices?
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), usando información proveniente de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), publica el ITLP, que permite dar seguimiento a la evolución del ingreso laboral y su relación con el costo de la canasta alimentaria, es decir, obtener el porcentaje de pobreza laboral.
¡Ah, caray! Sí, esta métrica nos dice a qué porcentaje de mexicanos no nos alcanza con nuestro ingreso de trabajo para comprar una canasta básica alimentaria.
Durante el año 2023 la pobreza por ingreso bajó contra los números del fin del año 2022, desde 38.5% a 37.7%. ¿Qué bueno? No tanto para los 48 millones de mexicanos que están en ese 37%.
En Durango la cifra es de 38.6% (ocupando el lugar 14 entre los estados del país), o sea que somos 700,000 duranguenses a los que no nos alcanza para comprar los alimentos básicos, cuya canasta cuesta $2,500 pesos. Órale.
Esta métrica se obtiene dividiendo la masa salarial (el dinero que ganamos los que trabajamos, formales e informales) entre el número de habitantes, incluyendo a mi nieto.
De enero a diciembre del 2023 se generaron 650 mil empleos (muy pocos para ofrecer trabajo a los 1.2 millones que se incorporan cada año a la Población Económicamente Activa, la PEA) y el ingreso por cabeza aumentó en el país un 5% en el período, pero la población es mayor; más o menos crecemos 1.3 millones de mexicanos por año. La masa salarial sube más que el incremento de la población y entonces baja la pobreza por ingresos.

El caso de Durango es otro boleto, aquí nuestro ingreso subió apenas el 4.5% y crecimos al 3.1%, nuestra pobreza laboral aumentó de 37.5 a 38% como leímos antes.
¡Qué problema! ¿Y cómo hacemos para que mejore esta medida de la calidad de nuestra vida?
Me dice Gustavo —a sus tiernos 8 añitos y después de sacar un 9 en su examen de matemáticas—: “Pues consulta la fórmula y aumenta el numerador (la masa salarial) o disminuye el denominador (el número de habitantes)”.
Mmm… El problema es que no podemos disminuir el número de mexicanos y no es fácil reducir la tasa a la que crecemos. Ni modo de exigir votos de castidad a la gente… aunque, claro, como está el Congreso seguro lo aprueban sin leer la iniciativa, pero sería poco práctico y nada divertido.
Entonces hay que proponer algo para que aumente la masa salarial, no sólo aumentando los salarios; y es que la iniciativa privada, hoy bajo acoso, no creo podría soportarlo en su totalidad. Entonces busquemos atraer empresas que manufacturen productos de alto valor agregado y paguen mejores sueldos, o arreglemos a nuestros estudiantes para que sean más competitivos y puedan cubrir los puestos más nuevos y modernos, y enfoquémonos en la calidad para aumentar nuestras ventas al exterior.
“Ganar-ganar”, dirían los filósofos economistas. Más empleo, más ingreso, menos pobreza, más competitividad, más PIB, entre muchos más beneficios.
Por lo pronto seguimos pobres, pero ¿felices? Ya no tanto. Según el Índice de Felicidad Mundial (el WHI por sus siglas en inglés) el año pasado caímos al lugar 35 entre 149 países. ¿Será porque perdió el América o las Chivas? Ya pronto tendremos tren turístico nuevo y seguro sube el ranking.
Ánimo.